martes, 27 de diciembre de 2016

Carta al aire para Walter Ibarra


Fotografia de Pixabay: CC0


Hay aire, gaviotas en las esquinas y millones de estatuas de sal diluídas en este camino que nos separa. Fuiste la sorpresa de un día agradable, como un regalo que no te esperas que te hagan y recuerdas siempre con la dulzura de la miel. 


Sé que no te esperas esta carta, ni yo tenía claro cuando te la iba a escribir, desde que escribo cositas tengo un montón de proyectos sin fecha a los que voy dando vida cuando menos me lo espero, y éste es el tuyo, el nuestro.

Poeta me llamas, cuando quieres llegarme hondo, y creo que vas a tener que dejar de hacerlo pues me vas a atravesar. Yo, desde esta orilla meto mensajes en botellas y las lanzo a la distancia que nos separa, con la esperanza de que recibas la esencia que meto en ella.

Quiero que sepas Walter que me gustaría saber cuál es el olor de tus abrazos, cuál es la emisora que te acompaña siempre, o si eres más de té o café, conocer a tu familia, a tu mascota -si la  tienes-, y si pudiera ser, tambien me gustaria acompañarte a un partido de River que sé que es tu pasión. De momento, anotaré todo en mi carta para los Reyes, soy mayor para saber quienes son los Reyes, pero también sé que los deseos de verdad, los que dicta el corazón y no se compran con dinero, se escriben directamente en la brisa de los anhelos, donde los hilos invisibles que una vez nos unieron puedan tener a bien completar el truco y hacernos uno. 

Te imagino en tu vida, transportando prisas por las carreteras que nunca llegan a ningún lugar, cantando Silvio con el corazón y dando ánimo a quien entre en tu mundo de cuatro ruedas y luz verde, sin esperar nada a cambio, dándote por pagado con una buena sonrisa. Las pistas me las dan las imágenes, tus actos y comentarios, y sobre todo me las da Silvio, tu gran Silvio Rodríguez. Eres un hombre Roble, curtido en la vida, que tiene la textura de un grito al aire y la robustez de los pies en un suelo libre.

Seguro que después de la jornada, la gente que te disfruta te recibe entre algodones, pues gente como tú, Walter Ibarra, no abunda, y yo tengo la gran suerte de tenerte como amigo. 

Recibe el abrazo de un amigo que sin haberte visto nunca te siente muy dentro, como el corazón de un elefante.


Atentamente: Fabián Aiceburu Zabaleta.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Historia.


Fotografía de Pixabay: CC0

Sé que la historia es así;
como la cuentan,
un montón de todo lo sucedido
barrido debajo de las piedras,
que antes fueron roca,
antes montaña, y en la linea horizontal del horizonte,
mar.
No conozco a quien tuvo a bien sobrevivir lo acontecido,
pero casi puedo percibir su dolor,
debe tener las mejillas como riscos,
las cejas pobladas como nubarrones en tormenta,
y un mirar hecho carbón.
Seguro que incrédulo y aturdido
contempla a los insensatos
sentados en sus carcajadas en la mesa de la opulencia,
y piensa que al final, falló la inteligencia.
Yo no viví la historia, pero sé a ciencia cierta,
que en algún extraño lugar de colores vivos y serpientes que hablan,
confundimos el camino.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Amaroz K.E

Fotografía de Pixabay: CC0


La noche ha sido sin luna, y sin duda, ha sido la noche más noche, debajo de las mantas un inquieto despeinado, y más debajo todavía, bajo la puerta; la luz que invita a saltar a la vida. 

Sólo hay algo que me gusta más que mi propia infancia, y es mi propia infancia en sabado; el día que se juega uno de los partidos más importantes en el campeonato de mi barrio: Amaroz K.E - Arsenal elkartea. 

Seguro que detrás de esa puerta hay una madre que no descansa, tendrá los ojos en chiribitas por la cafeína, y la radio en un volumen casi irrisorio para no molestar. Querrá que le haga algún recado en esta mañana de sábado, y mira que sabe lo que me molesta perder mi exquisito tiempo con cosas triviales. 

En fin, tengo que idear algo para volar hasta la barandilla amarilla, hasta la fila más primera de todas. Mi madre no comprende estas cosas, siempre está perdiendo el tiempo en la cocina y limpiando la casa. Pobrecilla, no sabe lo que se pierde. Hoy juega el Amaroz K.E

lunes, 28 de noviembre de 2016

Sentir.



Fotografía de Pixabay: CC0

Cuando te encuentro en mis ojos,
sentada en el banco que hay en el centro
de todas mis atenciones...
abres las alas suaves de las palomas,
repartiéndoles el aire a partes iguales,
sacándoles el sol justo en la nuca,
en este otoño que parece solo nuestro
cuando te encuentro en mis ojos.
Congelado ante tu escaparate de dientes preciosos,
haces brasero del sentir que se me derrama
por las enclenques costillas del alma,
no quiero hablar de amor
pues conozco su significado,
y no vaya ser que no alcance
con la magnitud de la palabra.

domingo, 27 de noviembre de 2016

27 de noviembre


Fotografía de Pixabay: CC0

Ahí fuera está lloviendo,
lloran las ventanas y el viento toca
como si quisiera entrar por los recovecos de mis mangas
hasta los bolsillos de todas las batas,
al calor que habita.
Las nubes se han comido el cielo,
que a buen seguro luce azul a lo lejos,
allí donde sólo los anhelos alcanzan.
Mientras tanto,
atisbo una tarde con su falda de pana,
de colores crudos,
la sal de las palomitas,
y el cantar de los vientos acompañado
de la desesperada percusión
de quien no pudo ponerse a salvo 
en este día  que nos visita.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Txarama

Fotografía de Pixabay: CC0

 

Dedicado a toda la gente que como yo, pasaba los veranos en Txarama.


Eran los años que fueron, a nosotros nos faltaba barba y al año; el otoño, el invierno, y la primavera. En el colegio se habían colgado las maletas hasta nueva orden, y nosotros habíamos aprovechado para colgar también las pocas ganas que nos quedaban de volver después del último curso.

Como cada día en mis escritos el sol salía fiel a su cita, calentando nuestras ganas de salir pitando a la piscina natural de agua libre (el río). Cada uno cogía su bicicleta (el que tenía), y el que no, se montaba en la bici del más osado, cargando con él como un albañil carga con un saco de cemento hasta la hormigonera. 

Aquello era perfecto; el río bajaba cansado y partía el paisaje en dos mitades, por una de ellas pasaba la carretera, estaba provista con unas parrillas y unas piscinas  artificiales llenas con el agua del mismo río. 

Pero aquella orilla no llamaba  nuestra atención, a nosotros nos gustaba el otro lado, el del prado, donde  compartíamos  espacio con una valla de alambre de espinos, que separaraba el ganado de cuatro patas de nosotros, con dos. 

El río pasaba reptando, salvaje, tentador. Nuestra orilla contaba con un tronco cortado en plano, donde hacíamos las delicias del aire antes de caer en aquella balsa de Paz. 

Allí pasábamos los veranos tostándonos la piel sin crema alguna. Niños con sueños por cumplir y pocas ganas de seguir contando otoños. 

Cuando esa época se acabó, aquel río y su orilla de prado y espino nunca volvió a ser la misma. Yo creo que fuimos la última generación con padres irresponsables que dejaban a sus niños salir solos con sus sueños. 

Si no, no me lo explico.

 

Txarama

Mira el paisaje,
parece largo
desde que no lo recuerdo.
Creo que ya no va nadie,
que no juegan los niños,
y el río pasa
mustio,sin brío.
Igual le pinto
un cielo inmenso,
y si me apuras
le grito un niño, le salto un pez,
o le vuelo un pescador; Martín de nombre,
también quizás, no sé,
igual le lluevo,
para un final
con arco iris.
Mira el paisaje,
parece otro, como sonríe.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Humo

Fotografía de Pixabay: CC0

Eramos humo, mientras por nuestros dedos resbalaban las caricias a las tardes sombrías de aquel callejón. Las corrientes entraban y salían a desempolvar las conversaciones, a cambiar las canciones que amenizaban la tarde. Autopistas de testosterona y sueños de ojos abiertos. Eramos humo del fantasma que seguramente nadie ha conseguido ser. Tres callejones más allá, donde te espera la vida cuando quieres deambular, había un puesto de normalidad que nos resto la diferencia,  y nos dejó en lo que somos: carne y alma del recuerdo entrañable que nos descuelga por los ojos al echar la vista atrás. Hoy por hoy, todavía me veo en los ojos y en las frases de mi sobrino adolescente y pienso que nunca un tiempo pasado fue mejor. Siempre serán mis recuerdos uno de mis presentes más preciados. Los guardo junto a las sonrisas de mis niñas los días que tengo todo por vivir.


P.d. Este texto está especialmente dedicado a mi amiga Karmele Muñoa Arrigain, porque siempre ha sido fiel a mis letritas, y tenía yo muchas ganas de dedicarle algo.

Un beso Karmele.

martes, 8 de noviembre de 2016

Mi Elvira.


Fotografía de Pixabay: CC0

De tu boca fluyen  inocentes amapolas,
y paras el mundo siempre en el segundo que me acerco a ti:
ojos de avellana, risa de mermelada,
hoy sumas un día que hacen de una mano, tu vida.
Y yo
te quiero cuatro mil puñados más de lo permitido,
y quién sabe si será delito.
Asalto tus sueños de coral noche tras noche
hasta sentirte respirar,
echando de menos mi viejo pijama de supermán (el que me hacía sentir inmortal),
y ordeno tus zapatos de princesa con el cuidado de un cirujano,
para tus pasitos de baile delante de los espejos.
No sé si será delito
asomarme a la cornisa de tu mundo, pulcro de mundo,
de calles con nombres sencillos y noches de reyes.
No sé si será delito.
Pero quiero que sepas, ojos de avellana, 
que aunque soples todas las velas que te quiera colocar el tiempo,
que aunque se agrieten mis abrazos,
y mis besos sepan a alcanfor,
siempre serás mi niña,
mi risa de mermelada, mi Elvira.

Felicidades Elvira. Disfruta de tus cinco añitos, porque a esa edad las nubes son de algodón, y las mañanas mágicas, hechas  para respirar a fondo. Tu niñez será tu vida, te marcará por siempre.

Te quiero tanto porque menos no puedo.

Papi.


viernes, 21 de octubre de 2016

POETA

Fotografía de flickr.


Poeta,
dicen que soy un poeta,
que juego con las cometas
entre suspiros y letras.
Que hago versos
de los besos,
y que trenzo las pestañas
vistiendo con lindas rimas
los ajuares de mi casa.
Que vivo
entre las cortinas:
mitad brisa, mitad luz.

Poeta,
dicen que soy un poeta,
y lo que soy es un jeta
de monedas con dos caras,
que no deshoja las flores
para saber si le quieren.

Poeta,
dicen que soy un poeta,
y lo que soy es un jeta
que en el nido de la esquina
donde vuelan golondrinas,
deshojo las margaritas
y siempre me sale cara,
y me empapo de vosotras,
las tres musas de mis letras.

Poeta,
dicen que soy...


lunes, 17 de octubre de 2016

Otoño

Fotografía de Pixabay.

Ahora sí te siento,
te veo por la ventana después de pasar la mano
y mojar mi palma.
Ahí estás,
zarandeado los árboles,
llenando mis arcas de cosas para sentir.
No es cuestión de fechas,
pues te esperé en tu día; cuando todos dijeron que vendrías.
No es cuestión de fechas,
es más de notarte del brazo de un paraguas,
descolgándote por las copas, por los charcos, por los remolinos de hojas muertas,
y algún paquete de pipas.
Tan de nuevo como siempre; tras el viento... llorando nubes de estaciones abandonadas.

miércoles, 12 de octubre de 2016

A cualquier hora


Fotografía de Pixabay

Sé que no te importa que te piense
a cualquier hora,
por eso a veces nos cruzamos en horas insólitas,
pero me recibes igual que siempre;
con tu bata de andar por la vida
y un beso que solo tú sabes darme.
Cuando no estoy para dar
te dejo para luego, pues no siempre
puedo darte ese abrazo entrañable que mereces.
¡Hay que ver! con todo el  aire que nos separa
y lo poco que nos importa,
por la mañana el paseito hasta Ibarra,
y por la tarde, a la fábrica.
En tu voz voy notando la curvita de tu espalda,
cada vez estás más mimosa.
Será la edad que te ahueca el ala.
Ayer te dejé dos ciruelas en el contestador,
son muy dulces y rompen en el oído,
las dos se pelean por llamarte Amona
y a mí,
me encanta que lo hagan.

Sé que no te importa que te piense a cualquier hora...


Para mi Madre que va siempre conmigo. Maite zaitut Amatxo

jueves, 29 de septiembre de 2016

Bajo los pasos

 
Fotografía obtenida de Internet.

Para mi amigo Ismael Ballesteros (Xixa) y familia. Porque alguien que se va, nunca lo hace del todo. Podrá dejar de ser cuerpo y pelo largo, pero en ningún caso se irá con el olor a pan tierno y mañana de invierno.


Hay una primavera que florece bajo los pasos
como una enredadera que estremece la piel,
e inunda las pestañas como burbujas de Coca Cola,
con sentimientos encontrados en la tristeza más profunda.
El ser se hará tornado; de olor a pan tierno
y mañana de invierno,
y el recuerdo vendrá
desde el último al primero,
mientras desaguas por la mirada
el vínculo que jamás nadie logrará arrebatarte.

Es una clase práctica de entendimiento de lo perpetuo,
la inmortalidad más palpable de la marca al agua del pecho.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Que sencilla

Fotografía propiedad de: Monica Arellano-Ongpin


Que sencilla es
cuando viene a mirar despacio,
a parar con su fría mano
el aliento roto,
acariciando sin ruido el pelo cardado,
desordenado,
de un cuerpo que pesca
ya  muy pocos sueños.

Y lo destiende despacio
bajandolo del rojo al azul,
dejando la piel con sus cien aros de árbol,
y  el olor a jazmín del suavizante.

Que sencilla es
en su esencia más pura,
sin sobresaltos,
como natural,
después de una vida

llena de vida.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Mi dulce memoria

Fotografía de portada de: Mi dulce memoria

 

Voy montado en la parte trasera de la moto de mi hermano mayor, una Bultaco 125 de color blanca y roja. Hace un ruido ensordecedor, y me agarro a su cintura con la firmeza de una vía de tren, y la emoción del niño que soy. Miro hacia atrás, no me gusta el sabor de los mosquitos. El paisaje se aleja sin moverse. 


Es un momento de la vida como otro cualquiera, el que se me ha quedado en la mano al revolver el recuerdo. En la otra: Mi dulce memoria de Jose Luis Bravo (wuito), tu dulce memoria, nuestra dulce memoria.

Basta con mirar la foto en la contraportada del libro y fijarse en el autor; sin corbata, ni fina camisa. Natural y transparente como el agua de una fuente. Un hombre tranquilo, de esos que no necesitan abrir la boca para verlos venir.

Si cometes el error de tomarte un cafelito con él, probablemente ya no tengas forma de escapar a su nobleza. Yo después de leerme su libro, puedo decir que sé todo lo que hay que saber sobre él. Alguien que  te deja entrar en su alma a poner rectos los cuadros torcidos por los suspiros, no tiene donde esconderse.

Leer Mi dulce memoria ha sido como apoyarme en la barandilla del corazón, agarrarla  fuerte con las dos manos y dejarme ir con los ojos cerrados hasta  donde guardo los días que suman mi vida y forman mi ser. Mi dulce memoria es un libro para disfrutar de la espiritualidad de la vida, para calzarse un rato de reposo e irse a lo importante, a lo sencillo, a lo gratificante. Sentarse en un columpio y balancearse libre de pecados capitales. Nos habla en recuerdos y reflexiones; de la familia, la amistad, del amor, del otoño, de los vientos, de la Navidad... en fin, de la vida, de su vida.

Está soplando el viento, como siempre que a las hojas les da por descolgarse y jugar a que pesan poco, pintando en los suelos una alfombra ocre que antes no estaba. Por el final de la calle vienen dos niños hablando de fútbol, son amigos, muy amigos y todavía no lo saben. Los rayos traspasan los huecos de las nubes y enseñan la salida, pero Wuito no se va, en esta escena está representada todo lo que él valora: la amistad, la sencillez del paseo, el otoño que tanto le inspira, el fútbol, el cielo medio bueno o medio malo según se necesite,y un millón de cosas más que él como poeta percibe y los demás degustamos.

Hasta aquí llego yo, compañero. Tú y yo sabemos que tenemos un café pendiente y un fuerte abrazo. Con estas letras me he acercado un poco más a lo nuestro, que además viendo como valoras la amistad, será eterna. 

Un abrazo, y gracias por todo.

El sol  se despide de la luna  que le saluda y atrás se queda el ruido, la ciudad abre su cama y un sueño profundo desata la caja de Pandora  inundando de sentidos los miedos, los deseos, las ilusiones.

 

Es entonces cuando evoco lo vivido en mi día, hace acto de presencia la memoria y mi conciencia algo dormida confiesa ante la virtud de no mentirme a mí mismo, el yin y el yang hacen balance mientras el sueño se despierta y se cierran mis ojos lentamente.

 

Y aun en dias grises, hago recuento de las cosas buenas y malas, y llego a la conclusión de que vivir un día más valió la pena porque descubrí en ti una sonrisa nueva, porque tus palabras me llegaron al alma, porque me besaste como nunca, por agradecer algo nuevo cada día.

 

Me gusta encontarme cada noche en mi cama rememorando días como este. Y en ocasiones, un sueño llamado musa acude a mi cabeza y no me deja dormir.

 

Para llegar a la conclusión de que vivir es el mayor regalo que me hicieron y que lo envuelvo cada día con una de mis mejores sonrisas. Aunque existán días que se tiñen de lágrimas y muecas, no es más que un presente medio despierto medio dormido, un dulce suspiro tan frágil como el futuro que ha de llegar.

 

José Luis Bravo (wuito)

jueves, 22 de septiembre de 2016

Dos cucharaditas

Fotografía propía

Las dos cucharaditas que me faltan
para desbordar de ti,
quiero que me las eches
cuando ya no esté.
Hasta entonces quiéreme como vas,
caricia a caricia,
como el goteo incesante por un escape del mar.
Somos ladridos en abierto Reina Mora,
aliento al desaliento,
un cuenco de rutina y especias
en un caminar lejano hacia  ilusiones de azúcar.
Las dos cucharaditas que me faltan
para desbordar de ti,
echamelás cuando sea simiente de esencia y recuerdo,
y déjame correr sin prisa por las mejillas, que como pistas,
deslizarán mi terciopelo hasta hacerme infinito.
Hasta entonces quiéreme despacio
como el abrir de un cartapacio.
Somos rutina de especias,
ilusiones de azúcar,
y la esperanza de cien años de amaneceres detrás del parpado.

Tenemos un trato mi Reina Mora. Tú lo sabes, y yo lo cuento.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Desde la ventana

Fuente de imagen: Pixabay

Debajo de nuestra torre de pisos,
está el colegio de mi hija mayor,
al que acude sin faltar cada día del curso escolar.
Desde la ventana del piso once donde vivimos
se ve perfectamente el colegio, y de vez en cuando,
los días que me sopla el otoño,
anhelo con la suavidad del jabón (Expresión que cojo prestada a Maribel Montero),
el día en que mi pequeña también acuda al mismo colegio.
Y a eso de las ocho y cincuenta de la mañana,
en un momento perfecto para ello,
prepararlas para que vayan, acompañadas de alguien que no sea yo.
Anudarlas  de la mano como gomitas del pelo,
y colgar de sus frágiles espaldas las pequeñas princesas hechas mochila.
Entonces correré a la ventana, apartaré la cortina,
y sujetaré despacio la respiración hasta verlas pasar.
Será mágico,
lo sé.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Reloj de arena

Fuente imagen: Pixabay CC0


A veces pienso que soy más sencillo que el mecanismo de un reloj de arena, vida que fluye despacio por un embudo que todo lo engulle. Capaz de sentirme libre en la soledad más absoluta, dejando de lado mi cuerpo, centrándome en el sabor del pensamiento. 

Pero todo llega menos el mañana,  viniendo así días de alma gelatinosa, humedeciendo el pequeño agujero del sencillo mecanismo del reloj de arena. Y la soledad no me encuentra, y el pensamiento me resulta insípido, falto de contenido.

Entonces  recurro a la espera, y me siento absorto en la calle principal de mi vida, dejando que me sople el viento, que el sol bañe de luz el frío de mis manos, y que las noches separen carne y espíritu con sus suaves guantes con incrustaciones preciosas. 

Soplo la espuma del  café con la esperanza de que me acerque a la sencillez del sentirme. Y  recuperar así el sabor especial de cada día de la semana.

Quién sabe, quizás levante hoy la persiana y fluya de nuevo.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Ávida vida

Fotografía propía de la portada de Ávida vida

Tengo un respeto casi de cristal para empezar a describir el sentir que me produce este libro: Ávida vida de Maribel Montero. Lo bueno de los poemarios en general, es que pueden ser leidos las veces que uno quiera, y según se van sumando lecturas va aumentando la satisfacción del lector, creando una magia característica con el libro en cuestión. Y es ahí a donde yo quiero llegar.



Ávida vida es la pura vida. Una manera hermosa de pasar por delante de una taza de café y una rosa. Terminar con un amor casi eterno en un abrazo. Ávida vida es un suspiro perdido en el mar de una ventana abierta, una sencilla manera de afrontar, sin tener que salir por la puerta de atrás.

La primera vez que leí a Maribel Montero, sentí que me tenía que limpiar los zapatos antes de entrar, y como quien entra por una puerta mágica en un mundo paralelo, ir observando los matices exquisitos de sus versos.  El descubrimiento es muy enriquecedor. Los sentidos se doctoran en sus manos haciendo bellos y naturales hasta los dolores del alma.

El amor en todas sus formas es el gran invitado, el relleno de muchos de los dulces de esta caja de bombones. No se olvida de los alrededores de la gran manzana, y revindica un espacio en la cabeza sobre otras cotidianidades, que son ya tales, que apenas les prestamos atención en la vida real.

Habla sobre el amor que te roza la piel en un parking cualquiera, sobre la invisibilidad de los olvidados, del efecto placebo, lo pensativo del insomnio... pero eso es mejor descubrirlo por uno mismo.

Yo, desde mi muy modesta opinión, y por las notas que he tomado con los sensores de la piel, puedo decir que Ávida vida es un poemario de la talla XL, que ha hecho de mí mejor persona, más sensible al vuelo de las palomas y al caer casi eterno de los ácaros traslúcidos que se descuelgan por los hilos de luz.

Siempre es un buen momento para felicitar a alguien, y creo que éste va ser el mío. 

Felicidades Maribel Montero por tu poemario: Ávida vida

Gracias por haberme hecho más humano, mejor persona.

Un beso


Una piensa a veces en hilos rojos,
en caminos invisibles que unen vidas
y hay certezas que se resisten a la lupa,
hay certezas a flor de piel que se extienden por los parkings
y por todos los subsuelos.
Yo te conozco.
Eres mi hermano, mi amante, mi padre,
lo sé.Y cuando me dedicaste esa sonrisa abierta
y me ayudaste con las bolsas de la compra
quise darte un beso. Pero éramos dos desconocidos
en un parking del Mercadona
pesaron más los deneis y las bocinas de los coches
y nosotros ahí parados, sabiendo
que hay caminos invisibles que unen vidas.

 

Maribel Montero.

 

sábado, 10 de septiembre de 2016

Partir

 Autoría de la fotografía: José Antonio Galloso

Sé que partiréis
como un barco de vapor
que se despega de las paredes
 del puerto,
con un adiós cariñoso
que será un punto,
un punto de partida.

Sé que partiréis
buscando el algo
en la ley de la vida,
con un consentimiento
tímido y miedoso,
y una  ilusión poderosa,
madre de todas las cosas.

Nada es eterno,
pero nada
se hará tan corto.
El tiempo pasará  en estaciones
con ida y venida de soles,
las noches contarán años,
esconderán sueños,
y las cortinas, como sandías
partirán los días.

Niñas que dormíais en cuna 
os iréis soñando una luna,
detrás de un corazón
con otro dueño.

Sé que partiréis,
haciendo museo
vuestra habitación de juegos,
impregnando de recuerdo
cada hoyito en la pared,
cada paso mudo
por el nudo seco en nuestra garganta.

Sé que partiréis...
pero mientras tanto me seco
este pensamiento frío
que me deja vacío,

agarro vuestras manitas
y continúo el sendero.




sábado, 3 de septiembre de 2016

La columna

Fotografía obtenida de Internet: CC0


La columna crecía hacia el cielo, la pandilla avanzaba dicharachera, los machos alfa se pavoneaban ante las chicas con los juegos del amor, tales como dar un empujoncito en la espalda o pequeño tirón de pelo con la fuerza justa para molestar y hacer que su amorcito corriera tras ellos con un quejido sin fundamento y trote desganado.

El camino estaba siendo despreocupado y divertido. Eran media docena, el doble que los cigarrillos que se pasaban de uno a otro según tocara. Al acercarse más se percataron de que la nube provenía de su pequeño bosque encantado. Las sonrisas se cayeron de sus bocas, y sus rostros se llenaron de perplejidad. 

Aceleraron el ritmo hasta casi correr. Se acercaron más y más, para confirmar  la sospecha. Aquella nube gris  de cara negra era el resultado del arder de la madera barata de la cabaña. El lugar preferido de la pandilla, donde pasaban todos los ratos muertos y por matar , el lugar donde se evadían de las reglas de sus padres y de los profesores, donde revindicaban su lugar en la tierra. Ya no quedaba nada, sólo un montón de ceniza  y unas enclenques llamas que se mantenían en pie porque el dios Eolo alentaba su espalda.

Se mirarón en silencio, con pena y resignación. Aquella columna de humo que se camuflaba entre nubes de cielo, se había llevado su guarida, y sólo quedaba una alfombra gris con pintas coloreadas.

Como si de un embrujo se tratara, entre las pequeñas llamas de aquella alfombra de cenizas, podían verse  sentados en el viejo tresillo, cada uno al lado de su costillita, jugando a quererse y meciéndose en la tranquilidad de vivir en un mundo sin responsabilidades. 

El bosque perdió la esencia , y el tiempo se llevará también la alfombra, pero los fantasmas del recuerdo habitarán  mientras vivan.

jueves, 25 de agosto de 2016

Historia de amor

Imagen obtenida de Internet: CC0

En una pequeña esquina
de la casa, casi en ruinas
de una pobre lagartija,

había sudando una sombra.

En su centro bailaba un hombre
un tango desesperado
con las penas de la vida.


Mirando el traje del suelo
agarrado a su desdicha
vio acercarse en corto paso
una sombra estrecha y larga
de un helado de limón
con su cara Dulcinea.

Ese dulce tan amargo
le  hizo soltar aquel tango
por un alegre fandango.

La pequeña lagartija
con más sorpresa que ganas
se puso a tocar las palmas,
y las penas de la vida
empezaron a llorar
con aquella bonita estampa.

Se fundieron en pasión
y su amor es recordado
por el paso de los años.

Dos retoños lo confirman
y a aquella pequeña esquina,
la llamaron...

Sevilla.

domingo, 21 de agosto de 2016

Amor para dos cuerpos

Fotografia de Pixabay: CC0

Por qué se hace verdad el agua en tu cara,
por qué se hace  luz el día en tus ojos,
por qué baila despeinado entre tus dedos
el cansado minutero,
y vas y vienes al mismo tiempo.


Soy mezcla de plomo y agua de colonia.
Y tú,
boca de miel y sonrisa arroz con leche, 
plenitud en constante primavera.

La mar nos llega en caracolas,
el desierto en torres de extremidades, 
y el frío ártico conserva nuestros besos
que con mimo revivo en las cortas ausencias.

Tienes dos alturas, dos andares, 
y el pelo del color que quieres.

Yo soy plomo y agua de colonia,
y un día de cada día me agarro a tu inocencia
sintiéndome amor para dos cuerpos. 

Vuelo y repto por mis dos niñas,
voy por buen destino.

viernes, 19 de agosto de 2016

Norte

Fotografía de Pixabay: CC0

Hablan del norte 
como si fuera
neblina fría,
un verde prado
con muchos lagos
donde los rayos
cotizan caros.

Y yo lo pongo
allí en el río
en un verano de calor frío,
con los señuelos
entre mis manos
haciendo  viento
para el flequillo.

Hablar del norte
no es tan sencillo
pues a tus ojos
les falta brillo.

En sus montañas
reina la calma
y quien las mama
 de allí se enamora. 

Entre su gente
y media vuelta
a mi memoria,
tengo el recuerdo
  fijo en mis ojos
con el brillito
de quien lo ama.

martes, 16 de agosto de 2016

El libro de las ciruelas tibias


Foto propia de: El libro de las ciruelas tibias

Siento el sabor de frutos rojos bajando  por los barrancos, mientras en las inmediaciones de un bosque encantado espero a un amor de verano, joven e intenso, y a su vez amargo por su tiempo caduco. Un  revolotear de añoranzas me pica en los ojos.

A cada paso, quito y pongo tiempo en el almanaque que cuelga en mi interior, se me hunde la pisada en el musgo que separa vida y muerte. En las pausas soy roca, azúcar diluyéndose en el recuerdo, y mero espectador de lujo en el deshojar de versos.

Veo fuentes emanando pasos de cristal con zapatos de corcho, ante la atenta mirada del poeta que relentiza la imagen, pintando de azules los decorados.  Una hoguera baila al compás de una guitarra y un coro de voces, sobrevivientes de los vasos muertos a los pies del fuego.

Soy sentidor, camino a ciegas degustando versos, que como pompas explotan, salpicando el fino estado de desazón que separa cuerpo y alma. Veo rostros mojados con flequillos apartados con cuidado del ángulo de la mirada. Llueven los cielos azules.

Un violín atrapasures de las americas lejanas acerca los reclamos del poeta, hasta casi tener que retroceder y bracear defendiendo mi espacio.

Siento el sabor de frutos rojos bajando por los barrancos ,y El Libro de las ciruelas tibias me ha roto en pedazos.


cuando abro la puerta.


muchas veces
cuando me voy de casa
no apago la música

la dejo sonando

y hay caricias
de notas viajando
por todos los huecos

y toda ella
mi casa

se llena de magia
sabiéndose sola

íntima

desnuda

y cuando vuelvo
y abro la puerta 
sonríe
como hembra temblando
de ansias
después de haber hecho el amor. 

Jorge Novak Stojsic.

lunes, 15 de agosto de 2016

El prado.


fotografia de Pixabay: CC0

En el prado donde la hierba
se riega a gota de lágrima,
donde muchas de las piedras
llevan nombre con dos fechas,
allí donde los cipreses
separan el grano del trigo,
donde descansa la paz
y resucita el recuerdo.

Allí donde todos los versos
acaban bebiendo vino,
dejando espacios vacíos
para juntar risa y llanto,
allí donde van algunos
buscando sombra y guitarra,
mientras otros no descansan
vigilando sus espaldas.

En ese sitio divino
donde hay fantasmas y hadas,
descansa al sol, "el descanso"
de todas las almas blancas.

sábado, 13 de agosto de 2016

Te soñé.

Fuente imagen: Pixabay CC0


Te soñé por tener
las miradas al sol,
y en la plancha, al calor.
Las arrugas de piel
que vienen como flor
detrás de muchas tardes.

Ese saber de estar
con la tranquilidad,
mientras la brisa de mar
 entresaca el amor
cuando entrelazamos.

(No quieras entender
lo que puedo sentir
cuando estoy a tu lado).

Ese saber de estar
con la brisa de Mar,
las arrugas al sol,
y nuestra obra
en las manos.

Eso es felicidad,
y ya pueden cantar
lo que quieran de mal,
que lo nuestro mi amor
es un cuento techado.

Te soñé por tener
las miradas al sol,
y mi ser,
en un frasco pequeño.

viernes, 12 de agosto de 2016

Mañana de invierno


Fuente imagen: Pixabay CC0.



Se limpió la cara en el río,
peinó sus pestañas,
se sentó con paciencia en las nubes
hasta soltar todos los sueños,
sus manos frías
y el pelo al viento,
mirada gris,
humo en el aliento.

 Con el tiritar de su boca
se hizo un compás
para mover los pies,
intentando no mirar la hora
para no desesperar.

Su tiempo lo cuentan
los trinos de las copas,
los gritos de los niños
que entran en  las escuelas,
la sirena del recreo,
el bullicio de los autos.

Hasta que se va
detrás de las campanas
de misa de las doce.

Así vino la mañana aquel día de invierno.

martes, 9 de agosto de 2016

Paseo



Tolosa. Imagen de wikimedia. CC0

En las esquinas, donde se parten las sombras, guardo un aire que me desatasca el aliento. No puedo prescindir de mí, del barro de mis zapatos, ni del surco de mi paso. Los días pasan a vueltas, y mi ser es calma al saber que todo es, como lo dejé. Hasta los abrazos parecen los de cuando niños nos vimos por vez primera, invitándonos a ser conocidos para todo el devenir.

Paso entre los recuerdos que me trae todo, mis niñas me dicen que algo ha cambiado. Es verdad. Ya no soy solo, y comparto entre sonrisas la dicha de sentirme parte de lo que me rodea.

Sé que la distancia solo es eso, distancia. Que por muy lejos que me quiera ir, siempre tendré aquí las sombras partidas guardándome los pasos por aceras renovadas, y árboles llenos de marrón y verde.

La cruz vigila inmóvil desde Uzturre que todo pase en armonía, tiene brazos de hormigón armado y un mirar lleno de secretos. Las horas pasan en minutos, los minutos en segundos, y mi vida, en un paseo por Tolosa.

Agarro la cintura de una melena morena que me mira cómplice. Acaricia mis alas  y me suelta a volar.

domingo, 7 de agosto de 2016

A veces


A veces,
en el bostezo
del nudo que ata
el sentido a la vida,
en la lluvia de serpentinas,
en el correr por el alambre,
en las gárgaras de mariposas,
vienes tú.

En tu andar diferente,
con tus ojos limpios de tierra
a posarte en mi garganta,
y cerrar
el trozo que resta.

Me enseñas lo que soy,
lo que tengo,
lo que valgo...
mientras humedeces la razón
de quien te siente.

A veces,
y digo a veces,
cierras el gas al mundo
y en tu boca florece
la sencillez sin fisuras
del amor.

Que lo es todo.

sábado, 6 de agosto de 2016

Sueño y río.

 
 


Yo sé de bosques frondosos que cuelan luces, dejando caer estiradas luciérnagas sembrando suelos de vida. Sé de mares a los pies de precipicios y sus resacas de espuma, de silbidos silenciosos por el foro interno paseando por encima de la piel. Sé de amores que matan y de otros que mueren, de lunas mutantes que vigilan la noche. 

Pero también sé de historias como esta. Una amistad  pura entre un sueño y un río.



Parece ser que te fuiste sin poderte despedir de la vida, con el aire en los pulmones y la curiosidad levantando la mano. Te fuiste en la juventud, con la piel casi transparente y los ojos salvajes.

Pero yo te he visto muchas veces, vives en un cuerpo grande, norteño, tienes el pelo largo entre el rubio y el castaño, voz profunda, y un acento costero gipuzkoano que te delata. Eres áspero en apariencia y suave al roce. Ladras, ladras mucho pero no muerdes. Vives en un corazón que te lleva en lo alto.

Cada vez que te veo en su boca, le tiembla el parpadeo, traga saliva y coge suavemente tu imagen  metida en el marco que comanda su hogar. Sé que te llamas Amets, como él ha llamado a su hijo en tu memoria, que eras y serás su mejor amigo, y que eres su sueño y él es tu río.

La vida muchas veces no es justa, pero  la amistad de verdad, de profundas raíces de regaliz, vive por siempre, burlándose de la muerte.

Ibai eta Amets lagunak betirako.

martes, 2 de agosto de 2016

Hombre de Paz



Cuelgo la algarabía donde no moleste,
pintando de transparentes salvajes
el dulce salado que va y viene
en cascadas horizontales.
Es sencillo
con un sol, una cerilla,
los ojos amontonados allí a lo lejos,
cubriendonos de desierto.
Nos crepitan las pestañas,
nos humea la mirada
al comernos con las manos
los momentos.

Vengo a verte hombre de paz
y te he encontrado
en el vaivén salvaje,
en la cascada de sal
que da sabor a estas letras,
en el pelo arenoso
de la infancia más pura,
te he encontrado hombre de paz.

En el verano.

Donde el tiempo se va despacio, 
cansado,
muy disfrutado,
y el regocijo asa sardinas
en una hoguera de paz y señales de humo.

miércoles, 20 de julio de 2016

Los tres mosqueteros

Foto CC0, por Stock Snap en Pixabay

El sonido constante del goteo le dice que está despierto, aunque preferiría no estarlo y seguir inconsciente sobre ese suelo de madera, duro y sucio. Lo último  que recuerda de la noche anterior no es muy halagüeño, y el punzón en la cabeza duele bastante menos que el remordimiento del último olvido. Levanta la cabeza y el dolor se acentúa, traga la poca saliva que esconde bajo la lengua y mira a su alrededor. Está lleno de desconocidos, y las dos únicas personas que reconoce duermen la mona. Va poniendo las cosas en pie. Ayer llegaron a eso del mediodía, con mucha fuerza, como salidos de la cárcel después de veinte años. Empezaron a beber y demás cosas que se hacen cuando se es joven e irresponsable, y se pretende vivir todo junto, sin descanso. Lo último que recuerda es que se bebían los mares, y en vez de tres, eran miles, hermanados con  todo el mundo, sin más que ofrecer que un trago de vino barato y el abrazo del borracho pesado.

Se saca un reptil de la boca, es el mismísimo infierno, los amigos  se están despertando, le miran,  y por sus caras  parece que recuerdan más que él. Puede presuponer algo, uno  hace el gesto para hablar pero antes de que empiece, le hace saber que prefiere ignorar. Se levanta, le rodea el cuello con el brazo y le recuerda que es un cabroncete que no sabe beber, pero que son los tres mosqueteros.  Con aquella frase empieza su recuperación emocional, los fantasmas vuelan a su alrededor, pero los ahuyenta con un grito de guerra. Nadie les puede vencer en esta guerra de espadas entre ellos y sus circunstancias, son jóvenes, rebeldes e irresponsables.

Recogen todas sus pertenencias, tres mochilas de auténticos indigentes. Buscan la dichosa gotera tocapelotas, y apaciguan los infiernos de sus bocas. Una vez más salen victoriosos de la batalla. Son los tres mosqueteros. Sí señor.
Se  alejan de aquel lugar, un gaztetxe de un lugar cualquiera.

Pero él se lleva clavado en el pecho una vez más el punzón del olvido.

miércoles, 13 de julio de 2016

Tierra






Imagen propiedad Alice Birkin en Publicdomainpictures.net
La mar
       rompe olas
en la cara
        del aire.
La gravedad
y su contracorriente
        juegan a echarse la pelota
una y otra vez.

       El cielo despeinado,
            con peluca gris
       y ojos
fuego,
    llora libertad
      ante la pasión
de tierra y mar.


Un día
   eclosionarán
           los huevos.
Millones
       de millones de millones
de granos,
    formarán desiertos,
                 castillos, relojes.

Se partirán las aguas,

y yo,

    no estaré.

Siete vidas


Imagen licencia CC0 Pixabay

De niños, cuando llegaba el mes de agosto y todos nuestros amigos y vecinos se iban al pueblo, a la playa... mi hermano y yo pasábamos  las tardes aburridos en el portal, cabreados uno con el otro, echándonos la culpa de aquella situación.


Verano,
los grados marcan verano,
el sol arriba asfixiado,
mientras dos niños sin pueblo
ni playa de veraneo
sudan gotas de cabreo.

Se reparten la distancia 
y se pagan con la culpa,
no saben lo que les pasa
ni por qué no veranean.
Esta vida es tan injusta
como injusto el pataleo.

Son niños que no valoran
la medida de las cosas.

Los grados son de verano
y ese sol que no flojea,
ha pasado un triste gato,
ése sí que tambalea,
está casi moribundo
y no tiene quien le quiera.

No le maúlla a la playa
ni a un pueblo con su casa,
en sus ojos se refleja 
la pelea con la vida,
ha vendido ya seis vidas
por un plato de comida,
ya no quiere más sustento
solo quien le de su mano
para partir a su pueblo, 
a su playa del verano.

Verano,los grados marcan verano.


lunes, 11 de julio de 2016

Facebook.

Me acuerdo perfectamente...

Autoría imagen: http://mkhmarketing.wordpress.com

Era un día con sol,
nubes,
 luna en la noche,
no importa si rojo festivo
o negro luto.
Masticábamos minutos
de regaliz y nicotina,
entre historias para mayores.

 Adolescentes,
éramos tan adolescentes...

Las vergüenzas y miedos
llenaban los secretos,
 y así,
amigos desconocidos
fuimos quemando bisiestos,
 de los dedos
 a los ceniceros.

El último verano
se fue
entre hojas caducas
de un otoño que sopló
y sopló
 agitando el árbol,
liberando cada rama,
repartiéndonos caminos
sin caminar.

 ... Años después

el pincel del tiempo
ha pintado nuestro pelo,
 arroncado nuestra voz,
 y dejado el corazón
 lleno de intactos,
 y aquí nos ves
cada uno con su mochila
y su bocata,
dándonos abrazos de bienvenida
 sin habernos ido nunca.

jueves, 7 de julio de 2016

Día soleado

 In memoriam

En memoria de Jerónimo Olivares, de parte de sus compañeros de SISE. Porque por muy lejos que parezca que te hayas ido, siempre tendrás un pasillo por el que pasar con tu manojo de llaves, abriendo una por una las puertas del azul turquesa de nuestros corazones de acero.


Fotografía Pixabay CC0 Public domain

Siento tener que sentarte
tan cerca de mí,
envolverte en un recuerdo
y lanzarte en libre vuelo,
pero es que
todavía te veo
por el pasillo.

Oigo el ruido
de tu manojo de llaves,
me giro
y viene tu sonrisa
con la falta de ese diente
que la hace tan tuya,
 montada en ti,
repicando miradas,
barriendo perezas.

Una vez te leí 
que como dice la canción 
de Bruce Springsteen 
esperabas tu día de sol,
y corrí a la ventanilla
para la reclamación,
pero me dijeron que eras tú.
Sí Jero,
tú eres un día de sol. 

Una mirada al horizonte 
hasta donde se acaban los ojos
y se ve por dentro,
el sueve latido del corazón.
Tú eres
un día de sol Jero,
Tú eres nuestro día de sol.

Hasta siempre.
Allí donde estes compañero
de los corazones de acero. 


miércoles, 6 de julio de 2016

Cometas en el aire.

Fotografía:Marta Maduixa en Flickr

 

 

El verde cubre el prado, y el aire está lleno de viento. La cometa es muy simple, dos varetas cruzadas y un vestido transparente que deja ver los cantos de su falda. 


Mis manos llevan en firme suavidad los pasos de baile, la llevo por su cola dejándola volar entre las fragancias del bienestar del momento, va acompasada con el azul del cielo y cuando el viento sopla los flecos de su falda apareces tú. Sin rostro, ni voz, ni cuerpo. Apenas te conozco después de una vida sin saber de ti. No tengo ni un pequeño  recuerdo al que agarrarme con alfileres, bastante es que pases por mi mente. Sé que estás, en algún lugar estás, y ahora vuelas en mis manos. 

No voy a decir que te he echado de menos, tampoco de más. Creo que te he llevado vacío, sin ocupar parte alguna, pero ahora te hago un sitio en un rincón del pensamiento.
Supongo que un día tú también volaste la cometa en los prados de violetas, y te viste envuelto en un cantar de sirena que te apartó de nuestro camino. Quiero pensar que alguna vez hasta te has podido desvelar por la noche contado estrellas con la curiosidad del  no saber.

No te preocupes, nosotros estamos bien, muy bien diría. Ahora mismo estoy repleto de sensación de libertad y puedo decirte a boca llena y corazón en mano que no te guardo rencor. No tengo tiempo ni ganas para eso, al final tú seguiste el camino que te llevó a nuestro olvido, y no todos los destinos son afortunados.

La vida me ha tratado bien. Ha zarandeado mi ser en modo aprendizaje, y he ido aprendiendo valores que ahora intento enseñar a mis pequeñas. De mi hermano no te voy a contar nada, porque no soy quien para abrir su sentimiento. Seguramente él sea una de las  pocas razones por las que te tenga que estar agradecido. Me ha acompañado siempre, y es un buen hermano y amigo, el regusto dulce que me viene cuando lo siento en mi pluma.

Ya ves, el viento va amainando y la cometa desciende poco a poco, y  sigo sin poder hablar de nada en común entre tú y yo. No, no pasa nada, así ha sido siempre: una vieja foto y la pequeña historia de un hombre que no supo ser parte de nosotros.
Cuando caiga la cometa, la recogeré con mimo, meteré en la bolsa sus delicadas varetas y el vestido trasparente que ha acariciado el momento. Cogeré un ramo de flores e iré a casa, donde me esperan mis princesas, los cantos de sirena viven en mi amor por ellas. Quiero dejarles un montón de motivos para recordarme  el día que ellas vuelen sus cometas, y hagan sentirme orgulloso de ser su padre. 

Bueno, parece que te vas disipando entre los pasos de baile, la cometa pierde altura con suavidad  y poco a poco desapareces. Te vas detrás de esta ráfaga de aire juguetón. Que te vaya bonito. Adiós.

sábado, 2 de julio de 2016

Inspiración

En la primavera,
cuando las flores huelen a flores
y a los trinos se les hace tarde
porque sus pájaros pliegan
un sol tardío,
viene a mí
una fina lluvia de ideas,
mientras,
"seguramente"
haga algo que no me divierte.
Esculpo en mi mente
la lectura
y le doy forma de la manera más loca,
el olor de la primavera es intenso,
mis versos se empapan,
voy de paso por mi interior.
¿Los poemas?
No son más que correas
a mis ideas.
Qué bellas son las primaveras de las
palabras.

sábado, 25 de junio de 2016

Sevilla

Sevilla, luna de San Juan. Autor: José Antonio Quintero

En una vertical horizontal
de campos
que rompen en aceite,
hay un lugar
con mar
de azules cielo
y orillas de río.

En su punto más
incandescente,
las noches
se hacen largas,
cortas de oscuridad,
sus mañanas, tempranas,
y crecen sus dias
en el cimbrear de horizonte
que acompaña el cantar
de cigarras.

Sevilla,
calles de azahares,
de suaves, 
suavitos inviernos,
otoños al viento
y cortas,
muy cortas primaveras.

Ten cuidadito
cuando veas
horneando en sus calles
bullicios en sombras,
al traqueteo
del carruaje que pasa
por giraldas, catedrales
o trianas...

Sevilla, qué mar y villa.