sábado, 25 de junio de 2016

Sevilla

Sevilla, luna de San Juan. Autor: José Antonio Quintero

En una vertical horizontal
de campos
que rompen en aceite,
hay un lugar
con mar
de azules cielo
y orillas de río.

En su punto más
incandescente,
las noches
se hacen largas,
cortas de oscuridad,
sus mañanas, tempranas,
y crecen sus dias
en el cimbrear de horizonte
que acompaña el cantar
de cigarras.

Sevilla,
calles de azahares,
de suaves, 
suavitos inviernos,
otoños al viento
y cortas,
muy cortas primaveras.

Ten cuidadito
cuando veas
horneando en sus calles
bullicios en sombras,
al traqueteo
del carruaje que pasa
por giraldas, catedrales
o trianas...

Sevilla, qué mar y villa.


Corazones de acero

Para mis compañeros de sudores en la casa de obligaciones, porque no podremos cambiar el mundo, pero sí hacerlo un poco mejor con nuestros corazones de acero.


Fotografía:  Barbara Bonnano on Pixabay

Conozco una casa
de obligaciones
donde sus hombres
cambian tiempo por dinero,
fabricando acero
para un mundo
absurdo e  inacabado,
que comparten
pero no entienden.

Entre palanquillas y bocadillos
pasan de compañeros
a ser amigos,
y en los descansos
hablando de todo y nada
en un mar de bobadas
afloran  las carcajadas,
enseñando dientes
a un aire viciado
que sin ser muy bueno
es su aliado.

Si se ponen profundos
hablan de fútbol,
pasan del Pizjuan
al Villamarin
navegando por el Guadalquivir,
eso sí,
allí no son del Madrid.

Ataviados
con el sucio traje  de operario
fabricando acero
dejan atrás el calendario,
laminando palanquillas y sudor
en tardes de calor.

Después de la jornada
se van a sus casas
con la esperanza
de que la última paga,
les devuelva las ganas
de volver mañana.

martes, 21 de junio de 2016

Desperdicios

Siempre cuando se es joven se tienen sueños, sueños que no siempre se llevan a cabo. El mío era ser letrista y vocalista de un grupo. Quizá no se cumplió porque nunca he tenido mucha determinación y he acariciado la constancia como el que acaricia un perro que no es suyo, hasta que se va. Puede ser también que mi destino fuera vivir para poder contarlo aquí, ante ustedes.

Quién sabe cómo me hubiera ido encima de los escenarios. Aquí dejo unas letrillas que seguro hubiera cantado con mi grupo, Desperdicios. El nombre sí lo teníamos.

Va por ustedes.

Imagen de Pixabay.com













Me bebí los mares,
me fumé las nubes,
transité lugares
de nombres dispares.
Ya no tengo nada
solo arrastro el nombre,
por favor te pido
que no me recuerdes.

Me bebí los mares,
me fumé las nubes,
anduve por calles
con los malabares.
No me debes nada,
yo soy solo un debo,
ya vendí mi alma,
soy de hueso y nada.
Por favor te pido
que no me recuerdes
a ver si me olvido
y duermo por siempre.

Me bebí los mares
me fumé las nubes
me comí la nieve,
me embriagué en carmines.
Vivo en  el asilo
que hay en mi cerebro,
sujeto con guantes
todos mis recuerdos.
Yo soy tu mal sueño
y tú no mereces,
todo lo que digas
yo lo soy con creces.

Me bebí los mares,
me fumé las nubes,
ruedo por rincones,
vivo entre colillas,
por favor te pido
que no me recuerdes,
a ver si me olvido
de que sigo vivo.

Aquí me despido
siempre a mi manera
un kilo de ruina
es mi vida entera.


Desperdicios

viernes, 17 de junio de 2016

La avenida de los ocres

Autoría imagen: Santiago Antonio Castro

El sillón cuenta
en silencio
lo que ella otorga,
entre su corazón
y la soledad
suman nadie,
sus ojos
ya no visten
de orillas coloreadas,
ni sus labios
vestidos carmín.

No hay orden
por colores
en los pasos
hacia el estanque
de los deseos.
Pide marchar, marchar
por la avenida
de los ocres,
entre plataneros
desnudos,
ordenando sus pasos,
disimulando la emoción,
dejando el ojo de buey
a media altura
para reflejarse con él.

El sillón cuenta
en silencio
lo que ella otorga,
entre su corazón
y su razón suman
él.

martes, 14 de junio de 2016

Vuelo de mariposas

Para Alejandro y familia

 

Hoy es un día triste, muy triste. Hoy se ha puesto las alitas de ángel la madre de un amigo. Yo no he tenido el gusto de compartir mucha vida con ella: un par de besos en la mejilla y una sonrisa cristalina. Pero una madre son cien millones de cosas y un solo sentimiento. Que es éste, aquí lo dejo:

Fuente imagen: https://kgbgirl.wordpress.com

 

Apenas la conozco
y tengo que despedirla.

No le voy a decir adiós,
pero sí un hasta siempre.
Yo la seguiré buscando
y estoy seguro
de que la encontraré:
Miraré en los cachetes
de su nieta Alejandra,
en el corazón de su hijo Alejandro,
en las palabras de Rocío,
o en los ojos  tiernos de su marido,
cuando hable de usted.

Si hiciera falta,
me asomaré al castillo
de El Real de la Jara,
y la encontraré en las flores,
en su polen,
en el suave viento, 
o en el susurro de un paseo
silencioso por la luz.

Apenas la conozco
y tengo que despedirla.

No se preocupe Maria Jesús, 
usted no se preocupe:
aquí estarán todos bien,
a la orilla del río,
con los pies al fresquito,
Triana de fondo
como le gusta a su hijo.
Sintiendo el cosquilleo de la vida,
sabiendose protegidos
por el aletear de las almas,
que mudaron su piel
 por transparencia, 
en el último verano. 

Hasta siempre Maria Jesús

domingo, 12 de junio de 2016

El circuito

 

Fotografía original propiedad de http://bicinova2.blogspot.com.es

El termómetro marcaba treinta y ocho, en la calle podía haber unos veinte y el resto los ponía mi frente, era un día de esos repleto de aburrimiento. No has ido a clase, estás malito y además en tu casa todo el mundo sigue el ritmo de la vida y nadie te puede dar más que un caldo, sábanas limpias y alguna pastilla mágica de uso infantil. 


Estoy en la cama con mi manta de tigre y sábanas recién cambiadas después de sudar la fiebre. Sujeto el aburrimiento con las dos manos pero cada vez se me hace más insoportable estar enfermo. La verdad es que en un principio la idea de faltar a clase me gustaba, pero según pasan los días empieza a ser un calvario.
Es viernes, el mundo gira y se ha olvidado de mí, en la calle está lloviendo, cosa bastante normal en el lugar donde vivo. Sinceramente, solo me queda empezar a matar moscas con el rabo.
Suena la puerta de la calle y alguien entra, pasa de la entrada a la cocina y de ahí al pasillo, da una voz que dice: "¡Te he traído algo, enfermito!".  Cuando me levanto y me asomo al pasillo, se encienden los dieciocho focos que tengo instalados en mi asombro, y empieza a sonar una música celestial... "¡Sí,sí si, sí,sí sí! ¡Unaaaaaaa biciiii! ¡Una California con ruedas amarillas!". Es mi hermano, mi padre, mi amigo, mi héroe, con mi sueño en sus manos. La alegría no cabe en mi boca, nunca creí que hubiera algo así para mí. En una casa sin muchos recursos esto es demasiado, y yo ex-enfermo de mí, lo tengo, qué alegría.
Salgo a la calle y me dejo la fiebre en casa, estoy dando un montón de vueltas al circuito de la gente con bicicleta, me he caído un par de veces, pues el suelo está mojado, y veo venir a mis compañeros del colegio que -con cara de asombro y algo de envidia-  intentan meterme miedo diciéndome que la profesora ha preguntado que por qué no estoy yendo a clase. Y yo dando vueltas en el circuito de los niños con bici...como si me importara algo.

sábado, 11 de junio de 2016

Antonio Gavira


Diálogo Amoroso. Antonio Gavira. Fuente: www.lahornacina.com





Noches de plata,
musa de luna,
poeta del barro
de tinta de agua,
enhebras las obras
en sueños en vilo.

Poeta del barro
de tinta de agua
en cada vuelta
tus poros supuran,
atrapas miradas,
vacías la nada,
poeta del barro
de tiempo lejano.

Te enfrentas a tí,
aguantas pupila,
escribes un gesto
miradas perdidas,
palillo en los dedos
y el torno girando,
creando a su paso
semblantes tranquilos
con secos latidos
de barro mojado.

Poeta del barro
tinta de agua,
firmas tu obra
con gotas de sal
que cruzan el alma.

Caviar

Voy de copiloto, mi mujer al volante y las niñas detrás. Hoy es el cumpleaños de la hija de una amiga, Coradina. -por cierto, madre e hija se llaman igual-. ¿El destino? Un pueblo cercano a sevilla, Mairena del Alcor. He puesto la radio que ameniza el viaje, el paisaje parece pintado con acuarela y el sol predomina en un cielo al que solo inquieta alguna nube descarriada del rebaño.Como no podía ser de otra manera, Elvira (nuestra hija mayor) pregunta un par de veces por la distancia restante, pero casi sin tiempo ha contestarle por segunda vez, llegamos.
Estoy un poco nervioso, no conozco a la familia de Cori, que es así como la llamamos, pero me  han hablado maravillas, en especial de su padre - un hombre de avanzada edad, escultor reconocido en España y catedrático de la Universidad de Sevilla. Y sobre todo, bellísima persona.
Llamamos suave, con la mano. No tarda en abrirnos una cara conocida con su sonrisa encantadora, es Cori. Tras fundirnos en abrazos  y besos nos invita a entrar y saludar a toda la familia. Uno a uno vamos  haciendo buenos los típicos cumplidos, las niñas están muy guapas y los años nos han tratado bien.
Se acerca el abuelo, es una persona de edad, con su pelo blanquecino y el mapa de la vida  en cada arruga. Mi mujer le da un efusivo abrazo y después se acerca a mí, le cuesta levantar el brazo para estrecharme la mano pero lo hace noblemente: - "Hola ¿que tal? Antonio". -"Yo Fabián, encantado". Después de presentarnos me invita a sentarme en el sofá del salón. Las niñas ya  juegan y mi mujer y su amiga se cuentan chascarrillos entre risas despreocupadas.
El ambiente es magnífico, pese a casi no conocerlos me siento bienvenido y tranquilo, es una familia encantadora y muy hospitalaria. Pronto viene a buscarnos una voz desde la terraza. Esta es amplia,  sencilla y bonita, el día está perfecto de mercurio y la mesa hace las delicias del hambre golosona. Entre la familia y algunos amigos que también han venido sumamos un número más que considerable, repartimos los asientos por gustos literarios y le quitamos tiempo  al reloj sin darnos cuenta. Después de la tarta la canción de cumpleaños, los regalos y los brindis al sol, me encuentro hablando con el maestro Antonio, que me hace un guiño para acompañarle a su pequeño taller-museo situado en la parte baja de la casa, al lado del salón. Acepto encantado y le acompaño con una gran intriga por lo que voy a ver. Nada más entrar me doy  cuenta lo que atesora  ese pequeño templo del arte, un montón de miradas observando el paso del tiempo, vida enhebrada poco a poco en barro cocido con  las manos de un hombre que tiene el arte por castigo. El artista explica lo que hay que saber sobre su obra  y yo -pobre de mí- asiento con la boca abierta a todo lo que cuenta. No  tengo mucha idea de arte,  pero sí puedo dar mis impresiones y aquello es magia pura en barro y lienzos de fruta fresca levitando en las paredes. Me impresionó la ilusión que veía en sus ojos, la llanura en la distancia corta. Eso me lleva a rendirme a sus pies. Cuenta historias de cuando de mozo vivía en Madrid para poderse sacar la carrera de Bellas Artes, cómo se hizo profesor de la Universidad, y de todos los reconocimientos que tenía, que tuvo que dejar de conducir por la edad y un sinfín de cosas más que me enriquecen muchísimo. Vi un hombre simple, familiar e ilusionado con nuevos proyectos. Me trató como a un buen amigo, pese a contar en horas nuestra amistad.
¡Es un genio sin ego!
Después de bebernos su obra del búcaro de la palabra, entra en la sala una de sus hijas, insinúa entre bromas que me suelte, que me tengo que ir. -Risas-. Nada de soltarme, estoy encantado. Levanto mi mano, él a duras penas alza  la suya, me mira con ojos de niño soñador y sellamos la amistad.
Estoy maravillado de esa distancia corta con el arte de verdad.
No estoy acostumbrado al caviar.
Gracias Antonio Gavira. Un placer
Fuente imagen: http://ahoramairena.es/antonio-gavira-mairenero-del-ano-2013/