sábado, 25 de junio de 2016

Corazones de acero

Para mis compañeros de sudores en la casa de obligaciones, porque no podremos cambiar el mundo, pero sí hacerlo un poco mejor con nuestros corazones de acero.


Fotografía:  Barbara Bonnano on Pixabay

Conozco una casa
de obligaciones
donde sus hombres
cambian tiempo por dinero,
fabricando acero
para un mundo
absurdo e  inacabado,
que comparten
pero no entienden.

Entre palanquillas y bocadillos
pasan de compañeros
a ser amigos,
y en los descansos
hablando de todo y nada
en un mar de bobadas
afloran  las carcajadas,
enseñando dientes
a un aire viciado
que sin ser muy bueno
es su aliado.

Si se ponen profundos
hablan de fútbol,
pasan del Pizjuan
al Villamarin
navegando por el Guadalquivir,
eso sí,
allí no son del Madrid.

Ataviados
con el sucio traje  de operario
fabricando acero
dejan atrás el calendario,
laminando palanquillas y sudor
en tardes de calor.

Después de la jornada
se van a sus casas
con la esperanza
de que la última paga,
les devuelva las ganas
de volver mañana.

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