miércoles, 20 de julio de 2016

Los tres mosqueteros

Foto CC0, por Stock Snap en Pixabay

El sonido constante del goteo le dice que está despierto, aunque preferiría no estarlo y seguir inconsciente sobre ese suelo de madera, duro y sucio. Lo último  que recuerda de la noche anterior no es muy halagüeño, y el punzón en la cabeza duele bastante menos que el remordimiento del último olvido. Levanta la cabeza y el dolor se acentúa, traga la poca saliva que esconde bajo la lengua y mira a su alrededor. Está lleno de desconocidos, y las dos únicas personas que reconoce duermen la mona. Va poniendo las cosas en pie. Ayer llegaron a eso del mediodía, con mucha fuerza, como salidos de la cárcel después de veinte años. Empezaron a beber y demás cosas que se hacen cuando se es joven e irresponsable, y se pretende vivir todo junto, sin descanso. Lo último que recuerda es que se bebían los mares, y en vez de tres, eran miles, hermanados con  todo el mundo, sin más que ofrecer que un trago de vino barato y el abrazo del borracho pesado.

Se saca un reptil de la boca, es el mismísimo infierno, los amigos  se están despertando, le miran,  y por sus caras  parece que recuerdan más que él. Puede presuponer algo, uno  hace el gesto para hablar pero antes de que empiece, le hace saber que prefiere ignorar. Se levanta, le rodea el cuello con el brazo y le recuerda que es un cabroncete que no sabe beber, pero que son los tres mosqueteros.  Con aquella frase empieza su recuperación emocional, los fantasmas vuelan a su alrededor, pero los ahuyenta con un grito de guerra. Nadie les puede vencer en esta guerra de espadas entre ellos y sus circunstancias, son jóvenes, rebeldes e irresponsables.

Recogen todas sus pertenencias, tres mochilas de auténticos indigentes. Buscan la dichosa gotera tocapelotas, y apaciguan los infiernos de sus bocas. Una vez más salen victoriosos de la batalla. Son los tres mosqueteros. Sí señor.
Se  alejan de aquel lugar, un gaztetxe de un lugar cualquiera.

Pero él se lleva clavado en el pecho una vez más el punzón del olvido.

3 comentarios:

  1. Un micro triste(por la dureza del contenido) y a la vez interesante pues aseguro que daría para relato si nos adentramos en esa noche y en la fría tiniebla y oscuridad que deja ese amargor del olvido.

    Saludos, Fabián.

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    1. Gracias Yayone. El contenido de la noche lo guardaré para otro escrito. Gracias por tu visita. Es todo un honor verte por aquí.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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