miércoles, 13 de julio de 2016

Siete vidas


Imagen licencia CC0 Pixabay

De niños, cuando llegaba el mes de agosto y todos nuestros amigos y vecinos se iban al pueblo, a la playa... mi hermano y yo pasábamos  las tardes aburridos en el portal, cabreados uno con el otro, echándonos la culpa de aquella situación.


Verano,
los grados marcan verano,
el sol arriba asfixiado,
mientras dos niños sin pueblo
ni playa de veraneo
sudan gotas de cabreo.

Se reparten la distancia 
y se pagan con la culpa,
no saben lo que les pasa
ni por qué no veranean.
Esta vida es tan injusta
como injusto el pataleo.

Son niños que no valoran
la medida de las cosas.

Los grados son de verano
y ese sol que no flojea,
ha pasado un triste gato,
ése sí que tambalea,
está casi moribundo
y no tiene quien le quiera.

No le maúlla a la playa
ni a un pueblo con su casa,
en sus ojos se refleja 
la pelea con la vida,
ha vendido ya seis vidas
por un plato de comida,
ya no quiere más sustento
solo quien le de su mano
para partir a su pueblo, 
a su playa del verano.

Verano,los grados marcan verano.


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