martes, 16 de agosto de 2016

El libro de las ciruelas tibias


Foto propia de: El libro de las ciruelas tibias

Siento el sabor de frutos rojos bajando  por los barrancos, mientras en las inmediaciones de un bosque encantado espero a un amor de verano, joven e intenso, y a su vez amargo por su tiempo caduco. Un  revolotear de añoranzas me pica en los ojos.

A cada paso, quito y pongo tiempo en el almanaque que cuelga en mi interior, se me hunde la pisada en el musgo que separa vida y muerte. En las pausas soy roca, azúcar diluyéndose en el recuerdo, y mero espectador de lujo en el deshojar de versos.

Veo fuentes emanando pasos de cristal con zapatos de corcho, ante la atenta mirada del poeta que relentiza la imagen, pintando de azules los decorados.  Una hoguera baila al compás de una guitarra y un coro de voces, sobrevivientes de los vasos muertos a los pies del fuego.

Soy sentidor, camino a ciegas degustando versos, que como pompas explotan, salpicando el fino estado de desazón que separa cuerpo y alma. Veo rostros mojados con flequillos apartados con cuidado del ángulo de la mirada. Llueven los cielos azules.

Un violín atrapasures de las americas lejanas acerca los reclamos del poeta, hasta casi tener que retroceder y bracear defendiendo mi espacio.

Siento el sabor de frutos rojos bajando por los barrancos ,y El Libro de las ciruelas tibias me ha roto en pedazos.


cuando abro la puerta.


muchas veces
cuando me voy de casa
no apago la música

la dejo sonando

y hay caricias
de notas viajando
por todos los huecos

y toda ella
mi casa

se llena de magia
sabiéndose sola

íntima

desnuda

y cuando vuelvo
y abro la puerta 
sonríe
como hembra temblando
de ansias
después de haber hecho el amor. 

Jorge Novak Stojsic.

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