martes, 2 de agosto de 2016

Hombre de Paz



Cuelgo la algarabía donde no moleste,
pintando de transparentes salvajes
el dulce salado que va y viene
en cascadas horizontales.
Es sencillo
con un sol, una cerilla,
los ojos amontonados allí a lo lejos,
cubriendonos de desierto.
Nos crepitan las pestañas,
nos humea la mirada
al comernos con las manos
los momentos.

Vengo a verte hombre de paz
y te he encontrado
en el vaivén salvaje,
en la cascada de sal
que da sabor a estas letras,
en el pelo arenoso
de la infancia más pura,
te he encontrado hombre de paz.

En el verano.

Donde el tiempo se va despacio, 
cansado,
muy disfrutado,
y el regocijo asa sardinas
en una hoguera de paz y señales de humo.

2 comentarios:

  1. Permíteme nombrar esta imagen:

    Nos crepitan las pestañas,
    nos humea la mirada
    AL COMERNOS CON LAS MANOS
    LOS MOMENTOS...
    Realzo la segunda, pues es inmensa en toda su expresión ampliamente. Y si, el verano es lo que nos mantiene en esa algarabía y en ese sosiego, aferremonos a ello, aunque sólo sea por esos momentos.

    Besos, Fabián.

    ResponderEliminar
  2. Es un momento en el que respiras poesía a boca llena.

    Gracias por tu comentario Yayone, y por venir.

    ResponderEliminar