sábado, 6 de agosto de 2016

Sueño y río.

 
 


Yo sé de bosques frondosos que cuelan luces, dejando caer estiradas luciérnagas sembrando suelos de vida. Sé de mares a los pies de precipicios y sus resacas de espuma, de silbidos silenciosos por el foro interno paseando por encima de la piel. Sé de amores que matan y de otros que mueren, de lunas mutantes que vigilan la noche. 

Pero también sé de historias como esta. Una amistad  pura entre un sueño y un río.



Parece ser que te fuiste sin poderte despedir de la vida, con el aire en los pulmones y la curiosidad levantando la mano. Te fuiste en la juventud, con la piel casi transparente y los ojos salvajes.

Pero yo te he visto muchas veces, vives en un cuerpo grande, norteño, tienes el pelo largo entre el rubio y el castaño, voz profunda, y un acento costero gipuzkoano que te delata. Eres áspero en apariencia y suave al roce. Ladras, ladras mucho pero no muerdes. Vives en un corazón que te lleva en lo alto.

Cada vez que te veo en su boca, le tiembla el parpadeo, traga saliva y coge suavemente tu imagen  metida en el marco que comanda su hogar. Sé que te llamas Amets, como él ha llamado a su hijo en tu memoria, que eras y serás su mejor amigo, y que eres su sueño y él es tu río.

La vida muchas veces no es justa, pero  la amistad de verdad, de profundas raíces de regaliz, vive por siempre, burlándose de la muerte.

Ibai eta Amets lagunak betirako.

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