jueves, 29 de septiembre de 2016

Bajo los pasos

 
Fotografía obtenida de Internet.

Para mi amigo Ismael Ballesteros (Xixa) y familia. Porque alguien que se va, nunca lo hace del todo. Podrá dejar de ser cuerpo y pelo largo, pero en ningún caso se irá con el olor a pan tierno y mañana de invierno.


Hay una primavera que florece bajo los pasos
como una enredadera que estremece la piel,
e inunda las pestañas como burbujas de Coca Cola,
con sentimientos encontrados en la tristeza más profunda.
El ser se hará tornado; de olor a pan tierno
y mañana de invierno,
y el recuerdo vendrá
desde el último al primero,
mientras desaguas por la mirada
el vínculo que jamás nadie logrará arrebatarte.

Es una clase práctica de entendimiento de lo perpetuo,
la inmortalidad más palpable de la marca al agua del pecho.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Que sencilla

Fotografía propiedad de: Monica Arellano-Ongpin


Que sencilla es
cuando viene a mirar despacio,
a parar con su fría mano
el aliento roto,
acariciando sin ruido el pelo cardado,
desordenado,
de un cuerpo que pesca
ya  muy pocos sueños.

Y lo destiende despacio
bajandolo del rojo al azul,
dejando la piel con sus cien aros de árbol,
y  el olor a jazmín del suavizante.

Que sencilla es
en su esencia más pura,
sin sobresaltos,
como natural,
después de una vida

llena de vida.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Mi dulce memoria

Fotografía de portada de: Mi dulce memoria

 

Voy montado en la parte trasera de la moto de mi hermano mayor, una Bultaco 125 de color blanca y roja. Hace un ruido ensordecedor, y me agarro a su cintura con la firmeza de una vía de tren, y la emoción del niño que soy. Miro hacia atrás, no me gusta el sabor de los mosquitos. El paisaje se aleja sin moverse. 


Es un momento de la vida como otro cualquiera, el que se me ha quedado en la mano al revolver el recuerdo. En la otra: Mi dulce memoria de Jose Luis Bravo (wuito), tu dulce memoria, nuestra dulce memoria.

Basta con mirar la foto en la contraportada del libro y fijarse en el autor; sin corbata, ni fina camisa. Natural y transparente como el agua de una fuente. Un hombre tranquilo, de esos que no necesitan abrir la boca para verlos venir.

Si cometes el error de tomarte un cafelito con él, probablemente ya no tengas forma de escapar a su nobleza. Yo después de leerme su libro, puedo decir que sé todo lo que hay que saber sobre él. Alguien que  te deja entrar en su alma a poner rectos los cuadros torcidos por los suspiros, no tiene donde esconderse.

Leer Mi dulce memoria ha sido como apoyarme en la barandilla del corazón, agarrarla  fuerte con las dos manos y dejarme ir con los ojos cerrados hasta  donde guardo los días que suman mi vida y forman mi ser. Mi dulce memoria es un libro para disfrutar de la espiritualidad de la vida, para calzarse un rato de reposo e irse a lo importante, a lo sencillo, a lo gratificante. Sentarse en un columpio y balancearse libre de pecados capitales. Nos habla en recuerdos y reflexiones; de la familia, la amistad, del amor, del otoño, de los vientos, de la Navidad... en fin, de la vida, de su vida.

Está soplando el viento, como siempre que a las hojas les da por descolgarse y jugar a que pesan poco, pintando en los suelos una alfombra ocre que antes no estaba. Por el final de la calle vienen dos niños hablando de fútbol, son amigos, muy amigos y todavía no lo saben. Los rayos traspasan los huecos de las nubes y enseñan la salida, pero Wuito no se va, en esta escena está representada todo lo que él valora: la amistad, la sencillez del paseo, el otoño que tanto le inspira, el fútbol, el cielo medio bueno o medio malo según se necesite,y un millón de cosas más que él como poeta percibe y los demás degustamos.

Hasta aquí llego yo, compañero. Tú y yo sabemos que tenemos un café pendiente y un fuerte abrazo. Con estas letras me he acercado un poco más a lo nuestro, que además viendo como valoras la amistad, será eterna. 

Un abrazo, y gracias por todo.

El sol  se despide de la luna  que le saluda y atrás se queda el ruido, la ciudad abre su cama y un sueño profundo desata la caja de Pandora  inundando de sentidos los miedos, los deseos, las ilusiones.

 

Es entonces cuando evoco lo vivido en mi día, hace acto de presencia la memoria y mi conciencia algo dormida confiesa ante la virtud de no mentirme a mí mismo, el yin y el yang hacen balance mientras el sueño se despierta y se cierran mis ojos lentamente.

 

Y aun en dias grises, hago recuento de las cosas buenas y malas, y llego a la conclusión de que vivir un día más valió la pena porque descubrí en ti una sonrisa nueva, porque tus palabras me llegaron al alma, porque me besaste como nunca, por agradecer algo nuevo cada día.

 

Me gusta encontarme cada noche en mi cama rememorando días como este. Y en ocasiones, un sueño llamado musa acude a mi cabeza y no me deja dormir.

 

Para llegar a la conclusión de que vivir es el mayor regalo que me hicieron y que lo envuelvo cada día con una de mis mejores sonrisas. Aunque existán días que se tiñen de lágrimas y muecas, no es más que un presente medio despierto medio dormido, un dulce suspiro tan frágil como el futuro que ha de llegar.

 

José Luis Bravo (wuito)

jueves, 22 de septiembre de 2016

Dos cucharaditas

Fotografía propía

Las dos cucharaditas que me faltan
para desbordar de ti,
quiero que me las eches
cuando ya no esté.
Hasta entonces quiéreme como vas,
caricia a caricia,
como el goteo incesante por un escape del mar.
Somos ladridos en abierto Reina Mora,
aliento al desaliento,
un cuenco de rutina y especias
en un caminar lejano hacia  ilusiones de azúcar.
Las dos cucharaditas que me faltan
para desbordar de ti,
echamelás cuando sea simiente de esencia y recuerdo,
y déjame correr sin prisa por las mejillas, que como pistas,
deslizarán mi terciopelo hasta hacerme infinito.
Hasta entonces quiéreme despacio
como el abrir de un cartapacio.
Somos rutina de especias,
ilusiones de azúcar,
y la esperanza de cien años de amaneceres detrás del parpado.

Tenemos un trato mi Reina Mora. Tú lo sabes, y yo lo cuento.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Desde la ventana

Fuente de imagen: Pixabay

Debajo de nuestra torre de pisos,
está el colegio de mi hija mayor,
al que acude sin faltar cada día del curso escolar.
Desde la ventana del piso once donde vivimos
se ve perfectamente el colegio, y de vez en cuando,
los días que me sopla el otoño,
anhelo con la suavidad del jabón (Expresión que cojo prestada a Maribel Montero),
el día en que mi pequeña también acuda al mismo colegio.
Y a eso de las ocho y cincuenta de la mañana,
en un momento perfecto para ello,
prepararlas para que vayan, acompañadas de alguien que no sea yo.
Anudarlas  de la mano como gomitas del pelo,
y colgar de sus frágiles espaldas las pequeñas princesas hechas mochila.
Entonces correré a la ventana, apartaré la cortina,
y sujetaré despacio la respiración hasta verlas pasar.
Será mágico,
lo sé.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Reloj de arena

Fuente imagen: Pixabay CC0


A veces pienso que soy más sencillo que el mecanismo de un reloj de arena, vida que fluye despacio por un embudo que todo lo engulle. Capaz de sentirme libre en la soledad más absoluta, dejando de lado mi cuerpo, centrándome en el sabor del pensamiento. 

Pero todo llega menos el mañana,  viniendo así días de alma gelatinosa, humedeciendo el pequeño agujero del sencillo mecanismo del reloj de arena. Y la soledad no me encuentra, y el pensamiento me resulta insípido, falto de contenido.

Entonces  recurro a la espera, y me siento absorto en la calle principal de mi vida, dejando que me sople el viento, que el sol bañe de luz el frío de mis manos, y que las noches separen carne y espíritu con sus suaves guantes con incrustaciones preciosas. 

Soplo la espuma del  café con la esperanza de que me acerque a la sencillez del sentirme. Y  recuperar así el sabor especial de cada día de la semana.

Quién sabe, quizás levante hoy la persiana y fluya de nuevo.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Ávida vida

Fotografía propía de la portada de Ávida vida

Tengo un respeto casi de cristal para empezar a describir el sentir que me produce este libro: Ávida vida de Maribel Montero. Lo bueno de los poemarios en general, es que pueden ser leidos las veces que uno quiera, y según se van sumando lecturas va aumentando la satisfacción del lector, creando una magia característica con el libro en cuestión. Y es ahí a donde yo quiero llegar.



Ávida vida es la pura vida. Una manera hermosa de pasar por delante de una taza de café y una rosa. Terminar con un amor casi eterno en un abrazo. Ávida vida es un suspiro perdido en el mar de una ventana abierta, una sencilla manera de afrontar, sin tener que salir por la puerta de atrás.

La primera vez que leí a Maribel Montero, sentí que me tenía que limpiar los zapatos antes de entrar, y como quien entra por una puerta mágica en un mundo paralelo, ir observando los matices exquisitos de sus versos.  El descubrimiento es muy enriquecedor. Los sentidos se doctoran en sus manos haciendo bellos y naturales hasta los dolores del alma.

El amor en todas sus formas es el gran invitado, el relleno de muchos de los dulces de esta caja de bombones. No se olvida de los alrededores de la gran manzana, y revindica un espacio en la cabeza sobre otras cotidianidades, que son ya tales, que apenas les prestamos atención en la vida real.

Habla sobre el amor que te roza la piel en un parking cualquiera, sobre la invisibilidad de los olvidados, del efecto placebo, lo pensativo del insomnio... pero eso es mejor descubrirlo por uno mismo.

Yo, desde mi muy modesta opinión, y por las notas que he tomado con los sensores de la piel, puedo decir que Ávida vida es un poemario de la talla XL, que ha hecho de mí mejor persona, más sensible al vuelo de las palomas y al caer casi eterno de los ácaros traslúcidos que se descuelgan por los hilos de luz.

Siempre es un buen momento para felicitar a alguien, y creo que éste va ser el mío. 

Felicidades Maribel Montero por tu poemario: Ávida vida

Gracias por haberme hecho más humano, mejor persona.

Un beso


Una piensa a veces en hilos rojos,
en caminos invisibles que unen vidas
y hay certezas que se resisten a la lupa,
hay certezas a flor de piel que se extienden por los parkings
y por todos los subsuelos.
Yo te conozco.
Eres mi hermano, mi amante, mi padre,
lo sé.Y cuando me dedicaste esa sonrisa abierta
y me ayudaste con las bolsas de la compra
quise darte un beso. Pero éramos dos desconocidos
en un parking del Mercadona
pesaron más los deneis y las bocinas de los coches
y nosotros ahí parados, sabiendo
que hay caminos invisibles que unen vidas.

 

Maribel Montero.

 

sábado, 10 de septiembre de 2016

Partir

 Autoría de la fotografía: José Antonio Galloso

Sé que partiréis
como un barco de vapor
que se despega de las paredes
 del puerto,
con un adiós cariñoso
que será un punto,
un punto de partida.

Sé que partiréis
buscando el algo
en la ley de la vida,
con un consentimiento
tímido y miedoso,
y una  ilusión poderosa,
madre de todas las cosas.

Nada es eterno,
pero nada
se hará tan corto.
El tiempo pasará  en estaciones
con ida y venida de soles,
las noches contarán años,
esconderán sueños,
y las cortinas, como sandías
partirán los días.

Niñas que dormíais en cuna 
os iréis soñando una luna,
detrás de un corazón
con otro dueño.

Sé que partiréis,
haciendo museo
vuestra habitación de juegos,
impregnando de recuerdo
cada hoyito en la pared,
cada paso mudo
por el nudo seco en nuestra garganta.

Sé que partiréis...
pero mientras tanto me seco
este pensamiento frío
que me deja vacío,

agarro vuestras manitas
y continúo el sendero.




sábado, 3 de septiembre de 2016

La columna

Fotografía obtenida de Internet: CC0


La columna crecía hacia el cielo, la pandilla avanzaba dicharachera, los machos alfa se pavoneaban ante las chicas con los juegos del amor, tales como dar un empujoncito en la espalda o pequeño tirón de pelo con la fuerza justa para molestar y hacer que su amorcito corriera tras ellos con un quejido sin fundamento y trote desganado.

El camino estaba siendo despreocupado y divertido. Eran media docena, el doble que los cigarrillos que se pasaban de uno a otro según tocara. Al acercarse más se percataron de que la nube provenía de su pequeño bosque encantado. Las sonrisas se cayeron de sus bocas, y sus rostros se llenaron de perplejidad. 

Aceleraron el ritmo hasta casi correr. Se acercaron más y más, para confirmar  la sospecha. Aquella nube gris  de cara negra era el resultado del arder de la madera barata de la cabaña. El lugar preferido de la pandilla, donde pasaban todos los ratos muertos y por matar , el lugar donde se evadían de las reglas de sus padres y de los profesores, donde revindicaban su lugar en la tierra. Ya no quedaba nada, sólo un montón de ceniza  y unas enclenques llamas que se mantenían en pie porque el dios Eolo alentaba su espalda.

Se mirarón en silencio, con pena y resignación. Aquella columna de humo que se camuflaba entre nubes de cielo, se había llevado su guarida, y sólo quedaba una alfombra gris con pintas coloreadas.

Como si de un embrujo se tratara, entre las pequeñas llamas de aquella alfombra de cenizas, podían verse  sentados en el viejo tresillo, cada uno al lado de su costillita, jugando a quererse y meciéndose en la tranquilidad de vivir en un mundo sin responsabilidades. 

El bosque perdió la esencia , y el tiempo se llevará también la alfombra, pero los fantasmas del recuerdo habitarán  mientras vivan.