sábado, 3 de septiembre de 2016

La columna

Fotografía obtenida de Internet: CC0


La columna crecía hacia el cielo, la pandilla avanzaba dicharachera, los machos alfa se pavoneaban ante las chicas con los juegos del amor, tales como dar un empujoncito en la espalda o pequeño tirón de pelo con la fuerza justa para molestar y hacer que su amorcito corriera tras ellos con un quejido sin fundamento y trote desganado.

El camino estaba siendo despreocupado y divertido. Eran media docena, el doble que los cigarrillos que se pasaban de uno a otro según tocara. Al acercarse más se percataron de que la nube provenía de su pequeño bosque encantado. Las sonrisas se cayeron de sus bocas, y sus rostros se llenaron de perplejidad. 

Aceleraron el ritmo hasta casi correr. Se acercaron más y más, para confirmar  la sospecha. Aquella nube gris  de cara negra era el resultado del arder de la madera barata de la cabaña. El lugar preferido de la pandilla, donde pasaban todos los ratos muertos y por matar , el lugar donde se evadían de las reglas de sus padres y de los profesores, donde revindicaban su lugar en la tierra. Ya no quedaba nada, sólo un montón de ceniza  y unas enclenques llamas que se mantenían en pie porque el dios Eolo alentaba su espalda.

Se mirarón en silencio, con pena y resignación. Aquella columna de humo que se camuflaba entre nubes de cielo, se había llevado su guarida, y sólo quedaba una alfombra gris con pintas coloreadas.

Como si de un embrujo se tratara, entre las pequeñas llamas de aquella alfombra de cenizas, podían verse  sentados en el viejo tresillo, cada uno al lado de su costillita, jugando a quererse y meciéndose en la tranquilidad de vivir en un mundo sin responsabilidades. 

El bosque perdió la esencia , y el tiempo se llevará también la alfombra, pero los fantasmas del recuerdo habitarán  mientras vivan.

2 comentarios:

  1. Los fantasmas del recuerdo persisten sino se consiguen deshacer, hay que desprenderse de ellos.

    Un bello micro.

    Besos, Fabián.

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  2. Complicado desprenderse de trozitos de uno mismo. Mas cuando son aliados.

    Como siempre un placer verte por aquí Yayone.

    Un beso

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