jueves, 15 de septiembre de 2016

Reloj de arena

Fuente imagen: Pixabay CC0


A veces pienso que soy más sencillo que el mecanismo de un reloj de arena, vida que fluye despacio por un embudo que todo lo engulle. Capaz de sentirme libre en la soledad más absoluta, dejando de lado mi cuerpo, centrándome en el sabor del pensamiento. 

Pero todo llega menos el mañana,  viniendo así días de alma gelatinosa, humedeciendo el pequeño agujero del sencillo mecanismo del reloj de arena. Y la soledad no me encuentra, y el pensamiento me resulta insípido, falto de contenido.

Entonces  recurro a la espera, y me siento absorto en la calle principal de mi vida, dejando que me sople el viento, que el sol bañe de luz el frío de mis manos, y que las noches separen carne y espíritu con sus suaves guantes con incrustaciones preciosas. 

Soplo la espuma del  café con la esperanza de que me acerque a la sencillez del sentirme. Y  recuperar así el sabor especial de cada día de la semana.

Quién sabe, quizás levante hoy la persiana y fluya de nuevo.

4 comentarios:

  1. La soledad nos puede hacer sentir libres, como explicas en la primera parte, pero otras veces pesa, se vuelve gelatinosa y nos hace sentir la insoportable levedad del ser, como diría Kundera. Asì he entendido tu escrito; Fabian. Saludos y buenas noches.

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    1. Pues lo has entendido muy bien Maribel.

      Buenas noches.

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  2. La espera y la esperanza para fluir de nuevo, resurgir como el ave fénix para no ser engullidos dejando pasar los días por esa soledad que a veces, tanto pesa.

    (Permíteme, adoro a esa endiablada soledad )

    Besos, Fabián.

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    1. Fluir sencillo, como agua de lluvia los días de calor. Te permito lo que quieras Yayone.

      Un beso.

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