miércoles, 30 de noviembre de 2016

Amaroz K.E

Fotografía de Pixabay: CC0


La noche ha sido sin luna, y sin duda, ha sido la noche más noche, debajo de las mantas un inquieto despeinado, y más debajo todavía, bajo la puerta; la luz que invita a saltar a la vida. 

Sólo hay algo que me gusta más que mi propia infancia, y es mi propia infancia en sabado; el día que se juega uno de los partidos más importantes en el campeonato de mi barrio: Amaroz K.E - Arsenal elkartea. 

Seguro que detrás de esa puerta hay una madre que no descansa, tendrá los ojos en chiribitas por la cafeína, y la radio en un volumen casi irrisorio para no molestar. Querrá que le haga algún recado en esta mañana de sábado, y mira que sabe lo que me molesta perder mi exquisito tiempo con cosas triviales. 

En fin, tengo que idear algo para volar hasta la barandilla amarilla, hasta la fila más primera de todas. Mi madre no comprende estas cosas, siempre está perdiendo el tiempo en la cocina y limpiando la casa. Pobrecilla, no sabe lo que se pierde. Hoy juega el Amaroz K.E

lunes, 28 de noviembre de 2016

Sentir.



Fotografía de Pixabay: CC0

Cuando te encuentro en mis ojos,
sentada en el banco que hay en el centro
de todas mis atenciones...
abres las alas suaves de las palomas,
repartiéndoles el aire a partes iguales,
sacándoles el sol justo en la nuca,
en este otoño que parece solo nuestro
cuando te encuentro en mis ojos.
Congelado ante tu escaparate de dientes preciosos,
haces brasero del sentir que se me derrama
por las enclenques costillas del alma,
no quiero hablar de amor
pues conozco su significado,
y no vaya ser que no alcance
con la magnitud de la palabra.

domingo, 27 de noviembre de 2016

27 de noviembre


Fotografía de Pixabay: CC0

Ahí fuera está lloviendo,
lloran las ventanas y el viento toca
como si quisiera entrar por los recovecos de mis mangas
hasta los bolsillos de todas las batas,
al calor que habita.
Las nubes se han comido el cielo,
que a buen seguro luce azul a lo lejos,
allí donde sólo los anhelos alcanzan.
Mientras tanto,
atisbo una tarde con su falda de pana,
de colores crudos,
la sal de las palomitas,
y el cantar de los vientos acompañado
de la desesperada percusión
de quien no pudo ponerse a salvo 
en este día  que nos visita.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Txarama

Fotografía de Pixabay: CC0

 

Dedicado a toda la gente que como yo, pasaba los veranos en Txarama.


Eran los años que fueron, a nosotros nos faltaba barba y al año; el otoño, el invierno, y la primavera. En el colegio se habían colgado las maletas hasta nueva orden, y nosotros habíamos aprovechado para colgar también las pocas ganas que nos quedaban de volver después del último curso.

Como cada día en mis escritos el sol salía fiel a su cita, calentando nuestras ganas de salir pitando a la piscina natural de agua libre (el río). Cada uno cogía su bicicleta (el que tenía), y el que no, se montaba en la bici del más osado, cargando con él como un albañil carga con un saco de cemento hasta la hormigonera. 

Aquello era perfecto; el río bajaba cansado y partía el paisaje en dos mitades, por una de ellas pasaba la carretera, estaba provista con unas parrillas y unas piscinas  artificiales llenas con el agua del mismo río. 

Pero aquella orilla no llamaba  nuestra atención, a nosotros nos gustaba el otro lado, el del prado, donde  compartíamos  espacio con una valla de alambre de espinos, que separaraba el ganado de cuatro patas de nosotros, con dos. 

El río pasaba reptando, salvaje, tentador. Nuestra orilla contaba con un tronco cortado en plano, donde hacíamos las delicias del aire antes de caer en aquella balsa de Paz. 

Allí pasábamos los veranos tostándonos la piel sin crema alguna. Niños con sueños por cumplir y pocas ganas de seguir contando otoños. 

Cuando esa época se acabó, aquel río y su orilla de prado y espino nunca volvió a ser la misma. Yo creo que fuimos la última generación con padres irresponsables que dejaban a sus niños salir solos con sus sueños. 

Si no, no me lo explico.

 

Txarama

Mira el paisaje,
parece largo
desde que no lo recuerdo.
Creo que ya no va nadie,
que no juegan los niños,
y el río pasa
mustio,sin brío.
Igual le pinto
un cielo inmenso,
y si me apuras
le grito un niño, le salto un pez,
o le vuelo un pescador; Martín de nombre,
también quizás, no sé,
igual le lluevo,
para un final
con arco iris.
Mira el paisaje,
parece otro, como sonríe.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Humo

Fotografía de Pixabay: CC0

Eramos humo, mientras por nuestros dedos resbalaban las caricias a las tardes sombrías de aquel callejón. Las corrientes entraban y salían a desempolvar las conversaciones, a cambiar las canciones que amenizaban la tarde. Autopistas de testosterona y sueños de ojos abiertos. Eramos humo del fantasma que seguramente nadie ha conseguido ser. Tres callejones más allá, donde te espera la vida cuando quieres deambular, había un puesto de normalidad que nos resto la diferencia,  y nos dejó en lo que somos: carne y alma del recuerdo entrañable que nos descuelga por los ojos al echar la vista atrás. Hoy por hoy, todavía me veo en los ojos y en las frases de mi sobrino adolescente y pienso que nunca un tiempo pasado fue mejor. Siempre serán mis recuerdos uno de mis presentes más preciados. Los guardo junto a las sonrisas de mis niñas los días que tengo todo por vivir.


P.d. Este texto está especialmente dedicado a mi amiga Karmele Muñoa Arrigain, porque siempre ha sido fiel a mis letritas, y tenía yo muchas ganas de dedicarle algo.

Un beso Karmele.

martes, 8 de noviembre de 2016

Mi Elvira.


Fotografía de Pixabay: CC0

De tu boca fluyen  inocentes amapolas,
y paras el mundo siempre en el segundo que me acerco a ti:
ojos de avellana, risa de mermelada,
hoy sumas un día que hacen de una mano, tu vida.
Y yo
te quiero cuatro mil puñados más de lo permitido,
y quién sabe si será delito.
Asalto tus sueños de coral noche tras noche
hasta sentirte respirar,
echando de menos mi viejo pijama de supermán (el que me hacía sentir inmortal),
y ordeno tus zapatos de princesa con el cuidado de un cirujano,
para tus pasitos de baile delante de los espejos.
No sé si será delito
asomarme a la cornisa de tu mundo, pulcro de mundo,
de calles con nombres sencillos y noches de reyes.
No sé si será delito.
Pero quiero que sepas, ojos de avellana, 
que aunque soples todas las velas que te quiera colocar el tiempo,
que aunque se agrieten mis abrazos,
y mis besos sepan a alcanfor,
siempre serás mi niña,
mi risa de mermelada, mi Elvira.

Felicidades Elvira. Disfruta de tus cinco añitos, porque a esa edad las nubes son de algodón, y las mañanas mágicas, hechas  para respirar a fondo. Tu niñez será tu vida, te marcará por siempre.

Te quiero tanto porque menos no puedo.

Papi.