martes, 27 de diciembre de 2016

Carta al aire para Walter Ibarra


Fotografia de Pixabay: CC0


Hay aire, gaviotas en las esquinas y millones de estatuas de sal diluídas en este camino que nos separa. Fuiste la sorpresa de un día agradable, como un regalo que no te esperas que te hagan y recuerdas siempre con la dulzura de la miel. 


Sé que no te esperas esta carta, ni yo tenía claro cuando te la iba a escribir, desde que escribo cositas tengo un montón de proyectos sin fecha a los que voy dando vida cuando menos me lo espero, y éste es el tuyo, el nuestro.

Poeta me llamas, cuando quieres llegarme hondo, y creo que vas a tener que dejar de hacerlo pues me vas a atravesar. Yo, desde esta orilla meto mensajes en botellas y las lanzo a la distancia que nos separa, con la esperanza de que recibas la esencia que meto en ella.

Quiero que sepas Walter que me gustaría saber cuál es el olor de tus abrazos, cuál es la emisora que te acompaña siempre, o si eres más de té o café, conocer a tu familia, a tu mascota -si la  tienes-, y si pudiera ser, tambien me gustaria acompañarte a un partido de River que sé que es tu pasión. De momento, anotaré todo en mi carta para los Reyes, soy mayor para saber quienes son los Reyes, pero también sé que los deseos de verdad, los que dicta el corazón y no se compran con dinero, se escriben directamente en la brisa de los anhelos, donde los hilos invisibles que una vez nos unieron puedan tener a bien completar el truco y hacernos uno. 

Te imagino en tu vida, transportando prisas por las carreteras que nunca llegan a ningún lugar, cantando Silvio con el corazón y dando ánimo a quien entre en tu mundo de cuatro ruedas y luz verde, sin esperar nada a cambio, dándote por pagado con una buena sonrisa. Las pistas me las dan las imágenes, tus actos y comentarios, y sobre todo me las da Silvio, tu gran Silvio Rodríguez. Eres un hombre Roble, curtido en la vida, que tiene la textura de un grito al aire y la robustez de los pies en un suelo libre.

Seguro que después de la jornada, la gente que te disfruta te recibe entre algodones, pues gente como tú, Walter Ibarra, no abunda, y yo tengo la gran suerte de tenerte como amigo. 

Recibe el abrazo de un amigo que sin haberte visto nunca te siente muy dentro, como el corazón de un elefante.


Atentamente: Fabián Aiceburu Zabaleta.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Historia.


Fotografía de Pixabay: CC0

Sé que la historia es así;
como la cuentan,
un montón de todo lo sucedido
barrido debajo de las piedras,
que antes fueron roca,
antes montaña, y en la linea horizontal del horizonte,
mar.
No conozco a quien tuvo a bien sobrevivir lo acontecido,
pero casi puedo percibir su dolor,
debe tener las mejillas como riscos,
las cejas pobladas como nubarrones en tormenta,
y un mirar hecho carbón.
Seguro que incrédulo y aturdido
contempla a los insensatos
sentados en sus carcajadas en la mesa de la opulencia,
y piensa que al final, falló la inteligencia.
Yo no viví la historia, pero sé a ciencia cierta,
que en algún extraño lugar de colores vivos y serpientes que hablan,
confundimos el camino.