miércoles, 8 de noviembre de 2017

Niña de otoño


Fotografía de Pixabay: CC0

Para nuestra niña Elvira, en el día de su cumpleaños. 




Insistes en decir a tus iguales,

a quienes comparten tiempo, niñez

y juegos contigo; que cumples años en otoño:

"¿a qué cumplo años en otoño papá

a qué cumplo en otoño?"

Miro por la ventana; el otoño es redondo, entre las pocas nubes un azul intenso

se resiste a diluirse. Imaginar tu voz, 

tus pasos por la casa: es un asalto a la soledad 

en este cuarto cerrado por el silencio.

De este pecho mío brotan las más amorosas 

palabras,

palabras que se regocijan en el suave pelo

de tu existencia.

Rememoro el juramento hecho

en aquel hospital blanco (blanco como un colash de palomas):

Tú tenías la vida abierta; y yo,

padre primerizo, 

dejé -entre rigidez y nerviosismo-

partir el amor desde la orilla 

de mi boca; hasta el puerto 

de tus ojos avellana.

Era un otoño en ocho,

yo levantaba altos diques de compostura;

incapaces de contener el aire sobrante 

de los suspiros.

Tu mirada era como la grácil nieve:

virgen y libre de todo pecado.

Desde entonces vas recogiendo

por los campos de las 4 estaciones

sugestivos ramos de curiosidades

y al acercarse otoño 

aun sabiendo la respuesta preguntas:

"¿a qué cumplo años en otoño papá

a qué cumplo en otoño?,- sí, hija sí,

cumples año en otoño:a la vez

que los Álamos destilan 

el líquido sonido de las aguas,

y el céfiro disgrega por las calles, 

solemnes mariposas color ocre,

y tú; niña de otoño, 
tú agigantas

la creadora magia de su encanto




Te queremos con la fuerza de un ciclón pequeña; de esa manera tan rara que solo los muy optimistas pueden soñar, pero solo los locos por la vida consiguen.
 
Nunca dejes que tu alma cruce la barrera de la infancia.

Feliz cumpleaños pequeña

miércoles, 18 de octubre de 2017

Nacidos en el 75

Fotografía de Pixabay.

Hablar del verano, esa estación estival que tanto nos ha dado, que tanto recordamos. 



Ese verano fue diferente, perdimos las ruedas de galleta, las manzanas del barrio en bicicleta, los bocadillos de membrillo. Un verano largo, de aburrimientos cosidos a las patas de un banco, de aquel banco.

Renunciamos a ser niños por un trozo de hombre que todavía no nos correspondía, aprendimos a pasar los dedos por el polvo que provoca no tener un duro, y soñar con el dinero. Soñábamos con trabajos de poca monta que nos sacaran del paso.
Mira que nos dijeron todo lo que entonces no aprendimos.

Éramos un puñado de chicos y chicas cambiando de piel. Alguno como Jaime,  no tenía muy clara su   suerte. Él, y quizás yo.

Jaime era un chico especial, siempre llegaba el primero al punto de quedada, para irse el último. Curioso, pero no parecía alegrarse mucho al vernos venir. Levantaba la mirada para forzar una sonrisa, pero era evidente el mensaje de lo que no decía.

Su padre era un hombre serio, poco dado al diálogo. Trabajaba en una empresa importante de jefe de «algo». Su madre en cambio era una mujer encantadora, la veíamos  poco, pero en esas contadas ocasiones, siempre intentaba sonreír, ataviada con ropa que le cubriera el cuerpo y gafas oscuras, fuera invierno o verano. Jaime decía que era alérgica al sol. No quisimos saber más.

Vinieron más veranos, pero ya no  fue lo mismo, se perdió el pellizco y nos entraron inquietudes que irremediablemente nos fueron separando. Nos considerábamos pandilla, pero el tiempo se encargó de irnos dejando en amigos de algún tiempo.

Hoy hace un día extraño, un día de pelo revuelto, con las calles llenas de gente que va y viene sujetándose al suelo con una postura complicada.

La ventana del baño silba desde que la hemos puesto nueva, el hombre que la instaló ha venido más de dos veces a terminar con el problema. En realidad no es un problema: se desmonta, se lleva al taller y listo.

Yo estoy aquí, metido en la esquina que me lleva siempre a recordar, poco a poco olvidándome de todos. De todos menos de Jaime y de su madre. Que siempre vienen a verme, cuando sopla el otoño.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Septiembre.

Fotografía de Pixabay
 
Volver a clase es partir la vida en dos,
ya es principio
pero todavía es cómplice el sol.
No nos gusta hacer la mañana desde tan temprano,
nos acostumbramos en tiempo récord
a batir el récord de estar acostados.
Nuestros padres nos miran con la ilusión  
de los niños que fueron,
les inquieta eso de volver por donde se fue
la mitad de la rutina
pero es complicado parar el verano
más cuando se disfruta tanto.
Con mochila nueva
un hueco entre los dientes y la piel tostada
por cucharadas de piscina y playa
caminamos la calle legañosa,
la esquina que dobla,
la recta que enfila hasta el final que termina.
Vernos los ojos
tímidos e hiperventilantes,
acariciarnos de nuevo los dedos con la piel,
a la sombra de la parra que inventamos
para tranquilamente y sin costas en los monos 
convertirnos en un manojo de ruido,
en una aglomeración de hormigas que desordenan todo a la vez. 
Últimamente ha llegado a los oídos
algo sobre unas listas que nos pueden separar, 
como si fueran capaces de borrarnos,
de cerrarnos el paso para no llegarnos.
En el firmamento de mis estrellas en estas noches que se despiden 
no os he dejado de ver,
hoy estáis aquí, 
y las listas serán muy listas
pero está vez se equivocan.
Sostenemos el mundo con la ilusión de septiembre, en esta entrada de colegio,
un palmo al cielo nos ha costado el verano,
el recuerdo para cuando no nos quede edad
y seamos niños con canas.
Hoy la avenida se llama vida,
sonríe bajo los pies de calzado bajo,
mientras el verano se apaga triste y feliz 
de llevarnos hasta nosotros.

viernes, 28 de julio de 2017

David

Fotografía de: Pixabay.

Si como hombre pudiera extinguir la estupidez,
si pudiera explicar la vida en un solo gesto,
lo haría.

Como haría también aprender a decir basta
cuando rompo el espejo con un grito de furia absurdo y sin nombre.

Con pies y aliento,
un tener de quien escucha y apaga la luz cuando el telón cierra,
una avenida para ir y venir por el verano
cubriendo los pies de arena recién horneada,
debería de sobrarnos.

Si pudiera, solo si pudiera,
te daba David una parte de mí
para que tú también pudieras borrar la estupidez de las personas balbuceando vivir.

Vamos con todo y más, 
aunque dudamos llegar a la sinceridad del alma, por el sonar del mar en una simple caracola.

Vivir con el amor enquistado en la boca del estómago, poder saltar, poder correr, poder reír, poder llorar.
Vivir es la prolongación de tus ojos
en el horizonte que marcan tus pestañas,
entender solo lo que merece la pena.

Cómo contar al mundo lo que he visto en las manos de tus padres,
cuando te llaman guapo 
con la boca de un verso en silencio,
levantando la estructura inquebrantable  del amor.

En el aire se levantan las armas cada aurora,
las personas, unas detrás de otras,
olvidan el significado figurado del aire,
para perder su tiempo con castillos levitantes.

Mientras tú, David, 
te aferras al Levante de los molinos
que girando reparten cobijo
en el corazón de tus progenitores.

Después de todo nos quedará el absurdo 
de seguir muriendo sin entender la vida,
mientras en tus ojos entran todas las soluciones.

martes, 25 de julio de 2017

DESPUÉS DE TODO.

Fotografía de: Pixabay.



Un momento exacto, 
una alegria que se abre como la verja que os vio entrar,
y os ha visto salir tres años más tarde resumidos en dos momentos, 
el último y el primero.
 
El tren es un suspiro, 
un aliento jadeante en el patio del colegio,
una cadena de mañanas en estaciones salteadas
por un correr de padres,
en el corredor del buenos días y hasta mañana.

Habéis ido creciendo, 
palmo a palmo, 
carrera a carrera, 
juego a juego, 
pregunta a pregunta,
hasta haceros sin remedio menos niños sobre niños, 

hasta llegar a sentir y comprender la buena práctica de la amistad,
hasta querer y requerer día tras día,
correr hasta una clase de veinticuatro nombres y apellidos.

Tenéis el orgullo por el árbol genealógico de cada uno de vosotros.
Habéis aprendido a respetar,
a sumar, a restar, a leer, a contar, 
a que el patio puede ser un gran campo de fútbol,
un castillo encantado,
o una casita de princesas.

Habéis aprendido a enfadaros y a perdonaros, 
a que la lectura de las cosas puede ser muy relativa, 
que hay que ayudar al débil,
al más desfavorecido, 
que todas las gracias no siempre tienen gracia,
y que la madre naturaleza hace milagros convirtiendo en flor un simple 
chícharo.

Habéis entendido que el tren de los alimentos, además de divertido es 
saludable, como saludables son los abrazos y decir te quiero, 
que en el mundo está Sevilla, Egipto, y Constantinopla,
que en la palma de un beso entra toda la felicidad que hace falta,
y que de aquí en adelante, sin vosotros saberlo, habéis emprendido un viaje,
el viaje de la vida.

Nosotros como padres os damos las gracias por todo,
pues ha sido muy saludable el camino.

Muy bonito veros salir con ganas,
de volver a veros. 
Año tras año.

sábado, 3 de junio de 2017

Tres de junio



Fotografía de Pixabay; CC0

 

 

Porque la vida me sorprendió contigo, regalándome todo hasta acercarme a ti.

Para empezar de nuevo, sin renunciar a nada.

 


Hay un pajarito con su miel de pico
en mi ventana piando.

Me sopla en el ombligo el sentir,

el querer que gasto

                              para  contigo.

Me canta que te quiera, como si yo no lo supiera.

Que te quiera de cintura para dentro,
por donde asoman sin vergüenza
los colores del amor.

Con la que su inocente mezcla
te nació fresca,
en semejanza y tono al agua cristalina.

El día que yo supe,  sin siquiera ser,

                                         que tenía que intentarlo.


Aquí estoy, 
en la borrachera de la vida, 
en esa flojera de ojos que me tambalea,
en ese redoble palpitante que se arranca cuando te piensa y te encuentra,

sentada en la verdad,

sujetando con estilo el estilo.

Aquí estoy,

con una piel de pico de pájaro
con saber a miel.

Sin saber lo que digo. 

Llevándome bandolero lo mejor que tengo
hasta el tejado donde te cito, 
donde se hace pardo el resto en tu presencia.

Y me haces loco,
con ese juego de palabras que te callas 
y derramas por mi ser con la mirada.


Aquí,
con el plan de juntos deshacernos,

en este amor de vitrina,

de manual, 

sencillo como un buen beso de vino
a los pies de la Torre Eiffel (que nunca dejaré de prometerte),

descorchándonos la boca,
junio a junio,
tres a tres.


Hay un pajarito con su miel de pico

piando en mi ventana: Felicidades Reina Mora.

Te quiero tanto, porque menos no puedo.


Tu bandolero

sábado, 27 de mayo de 2017

SENSACIONES

Fotografía de Pixabay.



No, no siempre estoy preparado para hacerlo,
no siempre lamo la sombra de la tranquilidad y corro rio abajo,

por el vuelo de las abejas que pegan mis dedos con miel.

No siempre te vas, 
y me alegra que lo hagas, ni hablo sin decir nada. 

Hay veces opacos, de tardes oscuras y días forzados.

Me quito las sandalias de los ojos y pongo rumbo al levante, 
la brújula da vueltas y yo tengo que saber que soy capaz de envolverte en mi nada,
en este rato de las dos y cuarto.

Me gusta matarte las moscas que te molestan, con cañonazos mudos, 
me gusta quitar el polvo de tu asiento,
para un viaje corto por la aguja descarriada,
me gusta expresarme como el agua, tomando forma de recipiente,
o de universo.

Me gusta ahondar en el hueco que todos tenemos,
hueco que hay que llenar con colores y tonos.

Me gusta pasear hacia atrás,
hasta el kiosko del centro de la plaza que conocemos desde los tres años.

Me gusta que vuelen las olas,
y que las palomas toquen un murmullo en mitad de las palomitas,
me gustan los pantalones cortos,
y la cocacola en botella de litro y de crital .

No sé, en definitiva..


Me gusta que mires al techo que te hace tope en la frente
y que saques tus propias sensaciones,
que desenfundes tu vida,
como única arma que habitas.

Que te hagas fuerte en el calor del invierno,

en esa bolsa de agua caliente que desde hace tiempo,

duerme en el desván de los modernos.

domingo, 7 de mayo de 2017

Madre.


Fotografía de Pixabay :CC0

Una madre, es una madre,

y si le preguntas a una piedra
te callará sobre una roca,
si le preguntas a una roca
mirará un acantilado,
y si le preguntas a un acantilado,
te instará a un horizonte enfrentado,

a cuando la madre de todas las madres,
rompía aguas,
dando a luz; a todas las preguntas.

Pero si me preguntas a mí.

Te lloro,
porque me viene en alma,
porque me viene en el último adiós
que colgué de un inalámbrico,

porque me viene en la última vez que me llamo: Yackie,
o me llamo Nuca,

o me viene en mis manías,
en todas mis formas de ser,
en todo aquello que alguna vez provocaba tormenta en los días violetas.

Pero que hoy,
son el reflejo en un charco a mi paso.

Una madre tiene dios,
o dios es una madre, y no es mujer ni hombre,
es un sentimiento que se llora,
que te embriaga cuando crees que ya no te queda nada.

Pero siempre queda una madre,
aunque esté ausente en piel.

Pues en el frente del acantilado,
detrás de los cormoranes,
de dios,
y del horizonte.

Hay una madre,
tu madre,

y en este caso: mi MADRE.

viernes, 5 de mayo de 2017

Miraflores.

Fotografía de Pixabay: CC0


Hablemos de la primavera,
está del tiempo.

Ha llegado al parque Miraflores (bonito nombre),
con su paseo circular, rectangular, en linea,
en sentido opuesto a la brisa recta...,Según se ande.

Tiene un paseo lento y octogenario,

o por su calle de fuera, por sus manzanas, se puede correr y no llegar nunca.

Ha venido el parque a la primavera.

Un parque de barrio, de miradas al sol,
de mediodía en balanza.

Tiene olor a recuerdo, a olvidadas bufandas,

y unos pájaros descargados de plumaje
entran y salen por la alegria de la feria
que planea entre las mentes.

En su banco, el de la sombra a rayas,

descansa una lectura de nudo de corbata,
de abril en primavera.

sábado, 29 de abril de 2017

Veintinueve de abril



Se nos asoma a la espalda
como un gato hambriento al olor de la olla,
y la piel se suma a las palmas
que bailan tu imagen,

nuestra semejanza.

Viene abril en su veintinueve,
con un candelabro en la mano y unas llamas temblorosas como gotas del rocío
alumbrando esquinas en penumbra,
donde se sembró la vida,
la vez que nació el mundo contigo.

Añadiremos un palo de tiza con la suavidad del afecto,
siendo agradecidos a quien corresponda,
por el interés que muestra en este ramo de amor que nos saltea
acompañado por un camino libre de ortigas,
y un paisaje esperanzado y limpio, para caminar lejano.

Nunca quisiste más que la unión de nuestras manos:
Pues aquí las tienes, junto a un espejo de verdades de pasado y futuro
que nos repiten reales en este mes que se sonroja

de verte tan guapa, tan sencilla como un beso en la mejilla,
tan llena de ti, diferente a la indiferencia.

Este es el abril que nos gusta, en su veintinueve exacto,
el que nos coje por sorpresa y sin sobresaltos
trayéndote hasta nosotros, con tu corona de flores en plan primavera,
orgullosa de mirada y ojitos pintados.

Como a ti te gustan.


Zorionak Amatxo.

Maite Zaitugu.





jueves, 20 de abril de 2017

Primavera.

Fotografía de Pixabay: CC0


Persigo la rutina entre los pasos de hormigón,
la gente vuela a ras del suelo,
con la consigna de volver todas las mañanas
hasta el día que se acaben.

Éstas,
impasibles con su mobiliario urbano, aguardan su tarde.

Ataviadas con una primavera de mediados de abril,y un perfume cambiante al paso del viento.

Se escucha por el olfato la naturaleza pacífica de la estación,
huele a ganas de vida,
a sueño despierto, a ganas de verte...,
a niño pequeño.

Camino por el camino que me ha traído hasta aquí,
a pensar en ti, Reina mora,
a tu olor en mi camiseta, a relamerme los labios con el último beso en la puerta del ascensor,

que nos lleva a la rutina,

la que hoy camina en primavera.

viernes, 24 de marzo de 2017

Algo sobre ti.



Fotografía de pixabay: CC0


El otro día se me acercó un amigo
y como a dos palmos me dijo que me seguía,
que leía mi blog, qué si no podía tener a bien dedicarle algo,
unas humildes letras.

Qué quieres que diga Manuel,
quieres que hable del pasillo largo que nos une y nos separa
de como se pueden desprender endorfinas
en  las mismas entrañas de una fría fábrica de acero,
o prefieres que diga,
que me gusta como asustas vendavales
con tus botines de marca, tu colonia quince años más joven que la mía
y ese espejo amigo que no deja de mirarte.

Qué quieres que diga Manuel,
que te fumes la vida en dos caladas
que las cataratas son para bañarse en compañía
y que para cuando vengan a buscarte las canas
tienes que estar listo para escribir sobre el pergamino de la conciencia,
sin ningún temor.

Manuel, lo que yo sé de ti a la vista está,
estás en primavera, en cascarón de huevo,
y quiero decirte aquí, en mi humilde blog,
que estas son tus letras, el abrazo que te doy en medio del pasillo
que nos une y nos separa,
que hueles a colonía quince años más joven que la mía
y que como el Ave; Sevilla-Madrid
la vida, la vida pasa muy deprisa.

sábado, 11 de marzo de 2017

Dyane 6

Fotografia de Pixabay: CC0


Tengo apuntadas las noches
en las que viajé en tu Dyane6
por debajo de las sábanas.
Fue uno de tus coches,
uno de mis primeros sueños despierto,
el cual recuerdo con un inmenso cariño.
Juro que debajo de aquella franela
no había reyes, ni presidentes corruptos,
no había niños con la cara negra, ni aire con humos.
Sólo un niño sin carnet
por carreteras secundarias
que se perdían por un zigzagueante sueño sin precinto.
Me gustaba que fuera invierno (por eso del regocijo),
olor a chimenea y obstáculos salvables.
Conducía hasta que me vencía el sueño,
hasta aquel acantilado donde el vértigo te hacía cosquillas en los pies.
Nunca olvidaré la matrícula de mi primer sueño despierto: SS 2037 N,
como nunca olvidaré que tengo el mejor hermano mayor que se puede tener.


Te quiero Mikel.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Pase de jilgueros.


Imagen CCO

Y la vida me empuja a escribir sentimientos que me destrozan, pero sigue vuelta a vuelta, tan natural como el paso de los jilgueros. ¿Qué quién es Carmen?, el significado de persona noble y entrañable en el diccionario del alma.

 

Carmen, yo no quiero hablarte en pasado,
pues eso
sería dar la razón a la muerte, al olvido,
y nosotros hoy
caminamos por los pasos de este arcoiris de fina lluvia,
tristes como la niebla,
al encuentro de aquel primer abrazo.

Hemos visto muchas veces tambalearse los cimientos de la memoria.
Pero para ti, Carmen,
tenemos un hueco de algodón en el rincón de la inmortalidad del alma.

Allí donde la gente transparente de mirada,
amansa la calma.
Allí donde el último suspiro es la última pena,
la eterna alegría de una vida que nunca termina.

Hoy queremos delatarte,
decir que en tus brazos entra toda la bondad de una buena madre,
de una buena esposa, hermana, tía, amiga...,
y aunque no haga falta prometer, lo hacemos,
con la mano cerca del pecho,
prometemos llevarte siempre en las palabras amables,
en los buenos actos, en el amor verdadero.

Hay  recuerdos cariñosos en el fondo de los ojos
donde todos los veranos se presentan en la parcela de  Cabra,
y los niños hoy adultos, los adultos hoy más niños
te sujetan de la mano para no soltarte nunca.

Y en las tardes de verano, cuando el paso de jilgueros desenrede los silencios
encontrarnos en la punta de los vellos.

Cuando el frío de esta fina lluvia de pena nos abandone,
esperaremos con alegría el tiempo que dictamina nuestro paso por el suelo,
y nos reencuentre de nuevo, de otro modo, sin miedo,
como más libres.

No quiero hablar en pasado, pues para nosotros eres y serás, estás y estarás.

Hasta siempre Carmen.


martes, 14 de febrero de 2017

Mesa de domingo.

Fotografía de Pixabay: CC0

Para mi amigo Aitor Uharte (Jabato).



Hay un cielo que sujeta las miradas al pasado,
en la mesa del domingo con todos al frente,
en un consejo mil menos una vez repetido,
pero no por ello menos cierto.
Familia, pollo y patatas.
Sólo muere quien no tiene para ser recordado,
y el mal que nos acecha, nos enferma hasta despojarnos del suelo,
pero a su vez nos hace inmortales,
péndulos de azules en la retina del pensamiento.
Hay veces que acabamos para empezar de nuevo,
en la mesa del domingo, en el olor recién afeitado, en la crema de las manos.
Sólo muere quien no posee para ser recordado,
y no,
no es el caso.

jueves, 9 de febrero de 2017

Trece de febrero.

Imagen de Pixabay: CC0


Me gusta el trece de febrero,

es el día que comparto con la persona que me suaviza.
Hoy cumplimos un día de lo nuestro, o quizás sean siete años,
u ocho...
la vida se va deprisa detrás de esas manos,
ella me traza el amor, y yo, simplemente la quiero.
Es nuestro aniversario, y de regalo le traigo  mis restos en bruto,
sé que la quiero porque casi estoy llorando,
sé que me quiere porque casi está llorando,
y nuestras niñas se ríen sin saber siquiera
que son el fruto de nuestro llanto apasionado,
el ser de una primera mirada tímida,
la valentía de un corazón aventurero,
un trece, un trece de febrero.

Es nuestro aniversario.

miércoles, 25 de enero de 2017

Sirenas.

Fotografía de Pixabay: CC0

 

Para mi amigo Jesús.

 

Llega la noche a Sevilla, con sus carmines negros, gatos pardos, y sombras sobre sombras. En los callejones los ecos se hacen insoportables, retumban los ladridos que buscan a los perros, testigos de todo lo que no se ve. En este desierto de sonidos y de luz, hay gente con nombre, apellidos, madres, hijos, esposas... que asaltan las sombras detrás del delito, mientras más de un millón de paraísos descansan con la fuerza con que cierra la persiana. Dicen que la luna cuando es llena, es porque no respira. Los ángeles duermen , tienen los pies pequeños y las uñas llenas de plastilina, no habitan en los cielos aunque de cielo parecen sus ojos. Mientras, en las calles patrullan los valientes, al otro lado de los números que se marcan para proteger a los ángeles. No siempre fue tan fácil sentirse a salvo, y sin embargo yo me pregunto; ¿Quién protege al que protege?, de sus noches sin dormir.

sábado, 21 de enero de 2017

Mi pequeña Maitena.


Fotografía de Pixabay: CC0

Para mi niña Maitena, que hoy cumple otro enero, y ya lleva tres. Porque fue un día de invierno, tal como hoy, cuando decidió salir a este mundo falto de inocencia como la suya, a completar nuestra familia.



Quiero desplegar los pasillos,
partirlos con rayos de gala del mejor sol que encuentre
y dejarte venir a risa suelta.
Han pasado tres inviernos y un suspiro
desde que tu abuela, tu dulce abuela,
predijo ante todos los asombros de aquella habitación blanca
que serías rubia como el trigo,
trigo, y cascada en el alma de amor en flor.

Cumples otro enero,

y los campos de paz que alcanzo
cuando me pierdo en tu remanso,
son el amor que te siento, pequeña.
El que guardo en galaxias,
al lado de todos los  dioses que quieran existir.

Planchas las arrugas de mi piel cuando soplas tus velas,
y me enamoro más y más fuerte, de tu madre, de la vida,
y me viene como siempre,
cuando estoy en los remansos de los campos de tu trigo,
la caricia del fantasma: felicidad,
felicidad se llama.

Quiero que cumplas el sencillo deseo de salir corriendo a campo abierto
con toda la inocencia que te alcance con  tus tres años,
y vivas en menta Maitena, en menta fresca.

Felicidades pequeña, zorionak Maitena.

Te quiero tanto, porque menos no puedo.

Papi.

miércoles, 11 de enero de 2017

Voy a escribir un libro

Fotografía de Pixabay: CC0

Voy a escribir un libro, de más de muchas páginas,
empezaré por su sombra de ojos,
por sus pasos hacia mí, a los besos que le tengo.
Quiero que empiece en la niñez,
donde el mundo es plano como un remanso,
y el tiempo se detiene en una noche de verano,
y se arranca en un portero automático
con la voz de una madre.
Voy a escribir un libro, que pese tanto
como una pluma balanceandose hasta la nariz de una bruja,
que tenga los pies en la cabeza, y esta, en otra parte;
donde la realidad no existe, se transforma  como un primer encuentro.
Quiero que hable de mí, de ti,
de las aventuras de un perro vagabundo
por las lineas de mis manos.
Quiero escribirlo en servilletas, en el canto de un recuerdo,
en la sal que se desliza.
Quiero que sea abstracto y personal, más tuyo que mío,
que pique, que arranque y que amanse.
Quiero terminarlo y olvidarlo como un día de trabajo,
echarlo al fuego, recuperarlo medio vivo y hacerle el boca a boca hasta perderlo.
Y notar, notar de nuevo, que tengo que escribir un libro.