domingo, 7 de mayo de 2017

Madre.


Fotografía de Pixabay :CC0

Una madre, es una madre,

y si le preguntas a una piedra
te callará sobre una roca,
si le preguntas a una roca
mirará un acantilado,
y si le preguntas a un acantilado,
te instará a un horizonte enfrentado,

a cuando la madre de todas las madres,
rompía aguas,
dando a luz; a todas las preguntas.

Pero si me preguntas a mí.

Te lloro,
porque me viene en alma,
porque me viene en el último adiós
que colgué de un inalámbrico,

porque me viene en la última vez que me llamo: Yackie,
o me llamo Nuca,

o me viene en mis manías,
en todas mis formas de ser,
en todo aquello que alguna vez provocaba tormenta en los días violetas.

Pero que hoy,
son el reflejo en un charco a mi paso.

Una madre tiene dios,
o dios es una madre, y no es mujer ni hombre,
es un sentimiento que se llora,
que te embriaga cuando crees que ya no te queda nada.

Pero siempre queda una madre,
aunque esté ausente en piel.

Pues en el frente del acantilado,
detrás de los cormoranes,
de dios,
y del horizonte.

Hay una madre,
tu madre,

y en este caso: mi MADRE.

No hay comentarios:

Publicar un comentario