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| Fotografía:Marta Maduixa en Flickr |
El verde cubre el prado, y el aire está lleno de viento. La cometa es muy simple, dos varetas cruzadas y un vestido transparente que deja ver los cantos de su falda.
Mis manos llevan en firme suavidad los pasos de baile, la
llevo por su cola dejándola volar entre las fragancias del bienestar
del momento, va acompasada con el azul del cielo y cuando el viento sopla los flecos de su falda apareces tú. Sin rostro, ni voz, ni cuerpo. Apenas te
conozco después de una vida sin saber de ti. No tengo ni un pequeño
recuerdo al que agarrarme con alfileres, bastante es que pases por mi
mente. Sé que estás, en algún lugar estás, y ahora vuelas en mis manos.
No voy a decir que te he echado de menos, tampoco de más.
Creo que te he llevado vacío, sin ocupar parte alguna, pero ahora te hago
un sitio en un rincón del pensamiento.
Supongo que un día tú también volaste la cometa en los
prados de violetas, y te viste envuelto en un cantar de sirena
que te apartó de nuestro camino. Quiero pensar que alguna vez hasta te
has podido desvelar por la noche contado estrellas con la
curiosidad del no saber.
No te preocupes, nosotros estamos bien, muy bien diría.
Ahora mismo estoy repleto de sensación de libertad y puedo decirte a
boca llena y corazón en mano que no te guardo rencor. No tengo tiempo ni
ganas para eso, al final tú seguiste el camino que te llevó a nuestro
olvido, y no todos los destinos son afortunados.
La vida me ha tratado bien. Ha zarandeado mi ser en modo
aprendizaje, y he ido aprendiendo valores que ahora intento enseñar a mis
pequeñas. De mi hermano no te voy a contar nada, porque no soy quien para abrir su sentimiento. Seguramente él sea una de las pocas razones por las que te
tenga que estar agradecido. Me ha acompañado siempre, y es un buen
hermano y amigo, el regusto dulce que me viene cuando lo siento en mi
pluma.
Ya ves, el viento va amainando y la cometa desciende poco a
poco, y sigo sin poder hablar de nada en común entre tú y yo. No, no
pasa nada, así ha sido siempre: una vieja foto y la pequeña historia de
un hombre que no supo ser parte de nosotros.
Cuando caiga la cometa, la recogeré con mimo, meteré en la
bolsa sus delicadas varetas y el vestido trasparente que ha acariciado
el momento. Cogeré un ramo de flores e iré a casa, donde me esperan
mis princesas, los cantos de sirena viven en mi amor por ellas. Quiero
dejarles un montón de motivos para recordarme el día que ellas vuelen
sus cometas, y hagan sentirme orgulloso de ser su padre.
Bueno, parece que te vas disipando entre los pasos de baile, la cometa pierde altura con suavidad y poco a poco desapareces. Te vas detrás de esta ráfaga de aire juguetón. Que te vaya bonito. Adiós.

Has expresado de forma realmente hermosa algo muy duro. Gracias por tus letras. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias Tite, esa era la intención. Gracias de nuevo. Un besote
ResponderEliminarHasta de las mas duras experiencias,podemos sacar algo positivo..precioso
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