Cuelgo la algarabía donde no moleste,
pintando de transparentes salvajes
el dulce salado que va y viene
en cascadas horizontales.
el dulce salado que va y viene
en cascadas horizontales.
Es sencillo
con un sol, una cerilla,
los ojos amontonados allí a lo lejos,
cubriendonos de desierto.
con un sol, una cerilla,
los ojos amontonados allí a lo lejos,
cubriendonos de desierto.
Nos crepitan las pestañas,
nos humea la mirada
al comernos con las manos
los momentos.
Vengo a verte hombre de paz
y te he encontrado
nos humea la mirada
al comernos con las manos
los momentos.
Vengo a verte hombre de paz
y te he encontrado
en el vaivén salvaje,
en la cascada de sal
que da sabor a estas letras,
en el pelo arenoso
de la infancia más pura,
te he encontrado hombre de paz.
En el verano.
en la cascada de sal
que da sabor a estas letras,
en el pelo arenoso
de la infancia más pura,
te he encontrado hombre de paz.
En el verano.
Donde el tiempo se va despacio,
cansado,
muy disfrutado,
y el regocijo asa sardinas
y el regocijo asa sardinas
en una hoguera de paz y señales de humo.

Permíteme nombrar esta imagen:
ResponderEliminarNos crepitan las pestañas,
nos humea la mirada
AL COMERNOS CON LAS MANOS
LOS MOMENTOS...
Realzo la segunda, pues es inmensa en toda su expresión ampliamente. Y si, el verano es lo que nos mantiene en esa algarabía y en ese sosiego, aferremonos a ello, aunque sólo sea por esos momentos.
Besos, Fabián.
Es un momento en el que respiras poesía a boca llena.
ResponderEliminarGracias por tu comentario Yayone, y por venir.