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| Fotografía de pixabay: CC0 |
El otro día se me acercó un amigo
y como a dos palmos me dijo que me seguía,
que leía mi blog, qué si no podía tener a bien dedicarle algo,
unas humildes letras.
Qué quieres que diga Manuel,
quieres que hable del pasillo largo que nos une y nos separa
de como se pueden desprender endorfinas
en las mismas entrañas de una fría fábrica de acero,
o prefieres que diga,
que me gusta como asustas vendavales
con tus botines de marca, tu colonia quince años más joven que la mía
y ese espejo amigo que no deja de mirarte.
Qué quieres que diga Manuel,
que te fumes la vida en dos caladas
que las cataratas son para bañarse en compañía
y que para cuando vengan a buscarte las canas
tienes que estar listo para escribir sobre el pergamino de la conciencia,
sin ningún temor.
Manuel, lo que yo sé de ti a la vista está,
estás en primavera, en cascarón de huevo,
y quiero decirte aquí, en mi humilde blog,
que estas son tus letras, el abrazo que te doy en medio del pasillo
que nos une y nos separa,
que hueles a colonía quince años más joven que la mía
y que como el Ave; Sevilla-Madrid
la vida, la vida pasa muy deprisa.

Tus humildes letras... quién pudiera recibirlas, de tan humildes salen del blog y llegan aquí o allí con la velocidad de los trenes, con la profundidad del túnel que atraviesan...
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