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| Fotografía de Pixabay: CC0 |
Eramos humo, mientras por nuestros dedos resbalaban las
caricias a las tardes sombrías de aquel callejón. Las corrientes
entraban y salían a desempolvar las conversaciones, a cambiar las canciones
que amenizaban la tarde. Autopistas de testosterona y sueños de ojos
abiertos. Eramos humo del fantasma que seguramente nadie ha conseguido
ser. Tres callejones más allá, donde te espera la vida cuando quieres
deambular, había un puesto de normalidad que nos resto la diferencia, y
nos dejó en lo que somos: carne y alma del recuerdo entrañable que nos
descuelga por los ojos al echar la vista atrás. Hoy por hoy, todavía me
veo en los ojos y en las frases de mi sobrino adolescente y pienso que
nunca un tiempo pasado fue mejor. Siempre serán mis recuerdos uno de mis
presentes más preciados. Los guardo junto a las sonrisas de mis niñas
los días que tengo todo por vivir.
P.d. Este texto está especialmente dedicado a mi amiga
Karmele Muñoa Arrigain, porque siempre ha sido fiel a mis letritas, y
tenía yo muchas ganas de dedicarle algo.
Un beso Karmele.

Ciertamente ningún tiempo atrás fue mejor, querido, y sí, aún nos queda mucho y bonito por pasar y que nos venga, yo por lo menos, así lo espero también.
ResponderEliminarTu amiga Karmele estará muy agradecida con estas hermosas letras.
Muxu haundi bat, Fabián.
Múa!!!
un texto muy bello
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